Asensio, un minuto de gloria

Un minuto y 35 segundos. Ese es el tiempo exacto que transcurrió entre el remate de espuela de Asensio (24 años), que a punto estuvo de ser el gol de la temporada si no pega en el poste, y su sutil centro que puso en bandeja el gol a Casemiro. Un minuto y medio que cambió la suerte del partido del Madrid ante el Granada e incluso la del propio Asensio en el equipo de Zidane.

Estaba el mallorquín hasta ayer emboscado en su peor racha desde que juega con la camiseta blanca, hace ya cinco temporadas (después de dos cesiones a Mallorca y Espanyol)… una eterna promesa. Llevaba jugados 19 partidos sin marcar ni asistir. Demasiado para un futbolista del que se llegó a pensar que tenía el Balón de Oro a su alcance.

El reencuentro de Asensio con su fútbol se produjo en la izquierda, lo que alimenta el debate de cuál es su posición ideal en el equipo y complica, de paso, la vida a Zidane. Porque esa banda izquierda no sólo es la posición ideal del mallorquín (desde ahí sus centros son letales), sino también de Hazard, Vinicius, y del mismo Rodrygo, que se desempeñaba en ese flanco hasta que cayó lesionado. En la derecha, es Lucas Vázquez quien parece haberse asentado.

Tanto pudo cambiar la suerte de Asensio en ese minuto y medio que transcurrió entre su espuela y su centro que, mientras transcurría ese tiempo, Vinicius e Isco se preparaban para entrar en el campo. El brasileño habría desplazado a Asensio a la derecha, y no podría haber inventado Asensio ese centro que desatascó el partido. Después del gol, marcado por Casemiro en el 56, Zidane aguantó el cambio de Vinicius e Isco hasta el 77’.

La intención de Zidane de apostar por Asensio fue clara desde el inicio de la temporada. Transcurridas las primeras ocho jornadas había sido titular en cinco. Es el tridente soñado por técnico y entidad. Asensio, Benzema y Hazard. Pero ante la falta de rendimiento del balear terminó desapareciendo… Ahora, en el once de Zidane, con Hazard sano, sólo baila un puesto. El que se disputan Asensio, Vinicius, Rodrygo, Lucas Vázquez, Valverde e Isco… De todos, sólo Lucas Vázquez ha dado un paso adelante: lleva 14 partidos seguidos como titular. Pero hay algo de mágico en Asensio. Tanto, que en un minuto es capaz de dar la vuelta a su situación.

 

El Madrid no cede en su persecución

Simeone hace bien en rechazar el papel de favorito que tantos le quieren adjudicar al Atlético, porque el Madrid no está por rendirse. Anoche ganó su sexto partido consecutivo, con más dificultad que los anteriores, ante un rival mejor, con menos brillo, pero lo ganó. Le faltó el juego fluido de partidos recientes (sin Modric las cosas no pueden salir igual) pero apretó los dientes y consiguió resolver un partido difícil. El Granada es uno de los buenos equipos del campeonato, obra estupenda de Diego Martínez, un entrenador que no se las da, pero trabaja muy bien. Su equipo se maneja bien en Europa y también en LaLiga.

Zidane sacó el partido con el reducido grupo que le ofrece garantías, que le ha permitido sacar al equipo del barro. Uno de ellos se rompió ayer, Rodrygo. Sufrió un desgarro muscular que debe de ser serio, por el dolor que le produjo, que se le escapó en lágrimas. Tanto le dolía que tuvo que salir en camilla. Eso dio lugar a que saliera Asensio, que dejó una espuela de lujo, al palo, y el centro que valió el primer gol. Un centro excelente, de gran extremo, desde la línea de fondo. He aquí un jugador de enorme calidad, deslumbrante en sus primeros partidos en el Madrid, pero que ya antes de la lesión perdió la confianza. Zidane quiere recuperarle.

Ya con el 1-0 le tiró un salvavidas a Isco, jugador que le gusta, que también ha perdido su juego no se sabe dónde ni cuándo. De él no se pudo decir tampoco ayer nada relevante. El Madrid terminó agobiado, sufriendo en las faltas que Luis Milla júnior lanzaba con precisión germánica al área de Courtois, un tipo de jugada en el que el Granada descolla especialmente. El apretón duró hasta el descuento, cuando Benzema cotizó con un nuevo gol propio que embelleció el resultado. No fue el Benzema de sus mejores noches, pero sí el delantero atento y comprometido que mejora todas las jugadas. El Madrid no cede. Feliz Navidad

Rodrygo se rompe

Malas noticias para Zidane y un duro revés para Rodrygo. En el minuto 35 del partido entre el Real Madrid y el Granada, el brasileño, que se había hecho con un hueco en el once blanco, se lesionó muscularmente en la parte posterior del muslo derecho y tuvo que ser retirado en camilla, inmovilizado. El jugador se marchó con gestos de dolor y, según relató Carrusel Deportivo, llorando. En 48-72 horas se le harán pruebas para determinar el alcance exacto de la lesión. Fue sustituido por Marco Asensio.

La jugada en la que Rodrygo se rompió nació en la banda derecha. El ex del Santos entró en el área pugnando con Foulquier por el balón, cayó al suelo pero Martínez Munuera no señaló nada (el empujón fue fuera del área). Nada más caer sobre el césped, Rodrygo sintió un pinchazo e inmediatamente pidió el cambio. Sus compañeros también se percataron de la importancia de la lesión. El jugador, con ostensibles gestos de dolor, estuvo un par de minutos sobre el césped siendo atendido por los sanitarios, que le inmovilizaron en una camilla y le retiraron a los vestuarios. Durante el trayecto, pudo verse al madridista con las manos en la cara, llorando.

Zidane reaccionó con rapidez y llamó a Marco Asensio en vez de a Vinicius, relevo natural en la banda izquierda y que permaneció en la grada (después entró en el 78′ sustituyendo a Lucas Vázquez). El balear apenas tuvo tiempo para calentar (al descanso se quedó sobre el césped haciendo ejercicios). Esta lesión le llega a Rodrygo en el peor momento. El joven futbolista del Madrid se había hecho con un especio en el once de Zidane gracias a buenas actuaciones. Contra el Granada estaba siendo uno de los más activos, pero en un esprint en el 35′ se rompió y sus gestos indicaron que se trataba de una rotura muscular de importancia. En 48 horas o en 72 se conocerá el grado exacto de la dolencia.

Rodrygo: “El llanto puede durar una noche, pero la alegría llega por la mañana”

El futbolista brasileño colgó una foto en Instagram después del partido en el que expresó su sentir después de lesionarse: “El llanto puede durar una noche, pero la alegría llega por la mañana. Ahora es un enfoque total en la recuperación y pronto estoy de regreso. Gracias a todos por los mensajes”.

 

La noche fue buena

Cayó la sexta consecutiva.- No era un partido para meterse en el jacuzzi. Llegaba a Valdebebas ese Granada imperial de Diego Martínez, un equipo de autor que está dibujando las páginas más bellas de su bonita historia. A los 23 segundos casi lo ratifican tras un fallo infantil de Varane, pero Antonio Puertas no vio ídem con todo a su favor para el 0-1. Un aviso que sirvió para que los Zidane boys espabilaran. Estos partidos en vísperas navideñas tienen trampa. Los jugadores gozarán de unos días de vacaciones (no vuelven a entrenarse hasta el domingo por la tarde) y suelen tener a la familia esperando en el aeropuerto para volar a sus países para ver a la familia. Eso genera inquietud, falta de concentración, algo de ansiedad. Recuerdo un 0-4 en el Bernabéu ante Osasuna en una víspera de Nochevieja. Pero también es verdad que en la víspera de Nochebuena de 2007 el Madrid conquistó el Camp Nou en un Clásico resuelto con un golazo de Baptista, ‘La Bestia’, que unos días antes se había encerrado en una jaula con tigres, reportaje inolvidable de AS que provocó una multa al brasileño de Mijatovic, entonces director deportivo. Baptista, sereno, le dijo: “Si meto el gol de la victoria en el Camp Nou me quitas la multa”. Pedja, astuto: “Hazlo y me olvido de todo”. Y cumplió…

El Mago regresó.- Como siempre fui un incauto que no me callo ni debajo del agua, estaba en El Carrusel pidiéndole a Marco Asensio algo más de entusiasmo, de implicación y de furia para rebelarse contra su aparente estancamiento. El conformismo del mallorquín me dolía porque tiene una calidad excepcional, pero parecía que su varita mágica estaba en estado de hibernación. Fue decirlo e irrumpir el chaval con una espuela prodigiosa que no acabó en gol porque la madera de Rui Silva lo impidió. Hubiese sido el gol del año. Y acto seguido un desatado Asensio apuró la línea de fondo para dar un pase-cuchara, a lo Gordillo, que atacó con furia Casemiro, un tractor indestructible, para cabecear a la red granadina con un cabezazo poderoso y picado. Un gol que aliviaba penas y angustias en un partido trabado que no parecía tener dueño. Asensio se reivindicó en el día en el que Rodrygo tuvo la desgracia de romperse (¡ánimo, chaval!) y en el que Hazard ya asomaba por la grada de los suplentes. Que no sea flor de un día…

El árbitro y el VAR.- Tan verdad es que Foulquier debió ser expulsado con roja directa (su tremendo e inexplicable codazo a Mendy merecía el máximo castigo) como que Casemiro compró todas las papeletas para que le pitasen un penalti antes del descanso. El VAR también se coge unos días de vacaciones. Mejor para todos.

Pichichi Benzema.- No podía irse estos días Benzema sin volver a demostrar que la edad de Cristo (33 años) le sienta de cine. En el descuento final precintó el partido con otro gol que se fabricó él solito. Ya lleva 8, tantos como Iago Aspas y Gerard Moreno. Es su mejor versión desde que llegó al Madrid en 2009. Un nueve moderno y sin fisuras. Un regalo para los ojos. Larga vida al Rey Karim.

Feliz Nochebuena.- Tras unos meses turbulentos, el personal se va a la cena de Nochebuena (los justos, por favor, no más de seis en la mesa) con una felicidad indisimulada por la racha triunfal del equipo, como me recuerda Francisco Manzanares, de la Peña ‘Los Elegantes’ de Honrubia. Eso es este Madrid. Un colíder elegante.

Asensio coge este tren

El adviento feliz del Madrid sumó uno más para la causa, Asensio, uno de esos elegidos a los que a veces se traga el fútbol sin que pueda explicarse. En dos detalles levantó brevemente a un Madrid diésel para alargar la fiesta. Fue un partido sin excesos. El Madrid hace tiempo que no se los permite. Y este encomiable Granada es mejor resistiendo que picando. Con todo, sólo se dejó ganar al sprint, con un cabezazo de Casemiro, que le puso su nombre a la sexta victoria consecutiva del Madrid, y con el postre de Benzema.

La torería de Zidane es digna del Cossío. Ante la prensa astifina muletea para no explicar que parte de la plantilla no juega porque no está y reitera que estamos ante una situación pasajera. Un mea culpa para mantener respirable el ambiente del vestuario pero que cada día cuela menos. Los transplantes han producido rechazos y la cosa ha acabado en no tocar nada para no romper nada. Así que, hasta que cambie el viento, sienta en su mesa redonda a catorce principales (quince si se sube Asensio y dieciséis cuando sea hábil Hazard) y con ellos va a cabalgar quién sabe hasta cuándo.

Ante el Granada volvió a ser técnico de repetición. Sólo entró Valverde por Zidane, que es cambiar resistencia por ciencia, e insistió en Rodrygo en lugar de Vinicius, para marcar por dónde andan uno y otro en el ránking. Pero incluso estos, los leales, tienen sus días. Esta vez hubo ese arranque de duermevela que ya le ha vaciado la caja en Valdebebas esta temporada en tres ocasiones.

El error de Puertas

Veinte segundos tardó en equivocarse Varane ante Soldado. Esos desvanecimientos del francés comienzan a ser molestamente familiares. El asunto acabó con Puertas ante Courtois sin oposición y un remate grotesco por encima de la portería.

El del Granada parece un éxito de larga distancia. Ha sabido despegar y mantenerse en el aire, incluso con las horas extras de Europa, un territorio desconocido. El secreto está en la organización, en no deshacerse ante la adversidad y en jugadores de tracción total como Milla o Yangel Herrera. Así que el error inaugural de Puertas no le apartó de su misión: mantenerse en el partido con el Madrid lejos de su área. Y como al equipo de Zidane tampoco le sobra demasiado, la primer mitad quedó en táctica tirando a pelmazo.

Cada apertura del Madrid a sus extremos tuvo una respuesta de ayudas del Granada; cada salida desde atrás de los blancos se vio legítimamente entorpecida; cada vez que Benzema bajó a dirigir la orquesta, se vio enjaulado; cada vez que Kroos quiso encontrar espacios, se los negaron. Así que en el registro de ocasiones apenas quedaron un tiro de Benzema al lateral de la red, otro de Rodrygo a las manos de Rui Silva y un tercero de Kroos muy cerca del palo. Poca cosa para un equipo tan enrachado y tan exigido por la tabla. Indudablemente acusó el Madrid la baja de Modric, un futbolista que disipa partidos con niebla como este. Pero también la poca velocidad en la circulación de la pelota, la renuncia del juego al espacio y que Diego Martínez ha convertido al Granada en un hueso. El Madrid descubrió pronto por qué su rival llevaba cuatro partidos consecutivos con la portería a cero.

Antes del descanso se quebró el isquio de Rodrygo seriamente y Zidane prefirió antes a Asensio que a Vinicius. Por ahí van sus gustos, aunque los hechos, hasta ahora, caminaran por otro lado. El relevo no le echó sal al partido antes del descanso. Sí hubo hueco para la polémica por un agarrón de Casemiro a Yangel Herrera que comenzó fuera del área pero acabó dentro. El VAR hizo la estatua.

El minuto de gloria

Si al Madrid no le faltó dedicación sí se quedó muy corto en imaginación para reflotar el encuentro. Pleitos como este se rompen por agitación, no por empacho de pelota. Y esa agitación la traía bajo el brazo Asensio, por primera vez en meses. Hasta ahora ha dejado la impresión de vivir muy por debajo de sus posiblidades, especialmente esta temporada, en la que las lesiones de Hazard le abrieron una estupenda ventana. En un minuto se puso al día. Primero con un taconazo al palo que preludió dos paradas tremendas de Rui Silva. Todo en ocho segundos. Y de inmediato, con una banana envenenada casi desde la línea y desequilibrado por Kenedy. Una suerte que el Bernabéu no disfruta desde los tiempos de Gordillo. El cabezazo de Casemiro no hizo más que rendirle honores a la asistencia. Un chute de convicción para el balear que quizá cambie su suerte. Y un apunte de que desde la izquierda tiene más porvenir, aunque a él le apetezca menos.

Ese gol cambió definitivamente el duelo. La superioridad del Madrid fue propagándose. Esa superioridad vanguardista, de la postpandemia, con más control que ocasiones, con la calculadora en la mano, con la precaución por delante de la emoción. El Granada metió un extremo (Soro), dobló su ataque (Luis Suárez y Jorge Molina) y sacó a un central (Germán) para que metiera la cabeza en el otro área. Su suerte en manos de la aviación, pero lo que se encontró fue una contra en el descuento rematada por Benzema, que no falta a una cita. En este Madrid la excelencia es la resistencia.

 

La recuperación de Asensio

Lo de Marco Asensio es caso extraño. Su irrupción en el Real Madrid años atrás fue tremenda, con jugadas y goles al alcance de muy pocos futbolistas en el mundo. Todo hacía presagiar que, si no pasaba nada raro, ahí había futbolista top. Pero ya antes de su grave lesión de rodilla la evolución no estaba siendo la deseada. Cada vez menos determinante, menos atrevido, pasando mucho tiempo lejos del área rival y desconectado. Después de su lesión la cosa fue a peor.

Estábamos viendo a un Asensio sin confianza alguna en su juego, con poco espíritu, sin arriesgar en lo que debe, el uno contra uno, la asistencia y el disparo. Ojalá con acciones como las de este último partido se produzca un cambio de chip en su cabeza, ya que creo que todo lo que le impide explotar sus extraordinarias condiciones está en su cabeza.