Una cervecería vetará el acceso a los no vacunados

El propietario de una cervecería de la localidad italiana de Cúneo ha tomado una polémica decisión: la personas que no estén vacunadas contra el coronavirus no podrán acceder al local. Así lo ha anunciado el dueño del local, Michele Trapani, quien ha defendido su postura por el deseo de volver a desarrollar su labor con normalidad.

“Quiero transformar la cervecería en un ‘Café Covid Free”, comunicó Trapani en las redes sociales. El establecimiento está situado en la avenida Vecchia Stazione de Cúneo, en la provincia del mismo nombre, en la región de Piamonte, y se denomina Birrovia.

“El ‘Covid Free Café’ será un lugar sin limitaciones de tiempo y con una certificación emitida por los órganos encargados en cuanto a capacidad, espaciamiento, dispositivos de protección y protocolos vigentes en materia de prevención”, explica el propietario del local, en declaraciones que recoge el diario La Repubblica.

Pasaporte de salud

“Sólo se podrá acceder si se está vacunado”, añade Michele Trapani, quien defiende la idea de un “pasaporte de salud” que permita acceder a diferentes recintos a las personas inmunizadas. En su local, “se podrá demostrar a través de una aplicación con código QR escaneable en la entrada del recinto”, detalla.

De esta manera, el cliente “podrá pasar una velada en paz, comiendo, bebiendo, escuchando buena música con total seguridad y respeto por los demás”, argumenta Trapani. El dueño de la cervecería asegura que su decisión se debe al deseo de cumplir con su derecho a trabajar, aunque es consciente de que puede causar controversia. “Quiero que las autoridades respeten mi derecho al trabajo”, relata.

“A las personas que me están dando muestras de aliento y apoyo les digo gracias, de verdad, con el corazón en la mano”, afirma Trapani, que asimismo confiesa que ha recibido muchas críticas por la decisión de vetar el acceso a su cervecería a los no vacunados.

Sobre el respeto al compromiso

El sábado 10 de diciembre de 1967, el Atlético, líder de la Liga tras once jornadas, tomó el avión hacia Bilbao. Había amenaza de temporal. El avión no pudo aterrizar en Sondica y tuvo que regresar a Madrid. Tras un almuerzo rápido, el equipo partió en autocar. Llegando a Somosierra toparon con la nieve. Hubo que poner cadenas y en algún tramo los jugadores bajaron a empujar. Llegaron al Landa de Burgos a medianoche, cenaron, siguieron hasta Vitoria, llegaron a las cuatro, durmieron, a las doce tomaron un desayuno-almuerzo, volvieron al autobús ya vestidos de futbolistas y llegaron a San Mamés a 20 minutos de la hora fijada. Perdieron 6-1.

No es lo ideal, claro. Lo ideal es que no nieve. Pero aquello reflejó el espíritu de la época: el empeño en salvar el partido. Este sábado el Athletic tenía que jugar en el Metropolitano. Su autobús viajó por delante la mañana del viernes, porque ahora es costumbre hacerlo así para tenerlo en el aeropuerto a la llegada. El equipo voló por la tarde, no pudo aterrizar en Madrid (¡claro!) y el autobús esperó en vano. El sábado no hubieran podido jugar pero muy posiblemente sí el domingo. Y el Atlético-Sevilla se hubiera empujado al miércoles. En 50 años han cambiado a mejor muchas cosas, pero se ha perdido respeto al compromiso.

No ha sido sólo la insoportable ñoñería del Madrid. El Getafe y el Rayo han arrastrado los pies. Pellegrini planteó no ir a Huesca, por el frío. Tebas ha tirado de sus modos más expeditivos porque esta no es temporada para aplazar partidos por capricho. LaLiga empezó tarde, ha de terminarse por fuerza el 23 de mayo (por la Eurocopa) y el COVID es una perpetua amenaza de suspensiones. Cada cual debe hacer lo posible por estar donde debe cuando debe. Cada cual es culpable de no haber tomado las previsiones convenientes. Anteponer la desidia a ese compromiso colectivo que es LaLiga es una irresponsabilidad insolidaria.

Castilla y León cerrará bares y centros comerciales a partir del miércoles

El Gobierno de Castilla y León se reunirá mañana de manera extraordinaria para decretar el cierre del interior de la hostelería, los centros comerciales o los gimnasios. Unas nuevas restricciones que llegan con el objetivo de controlar el aumento de casos tras el paso de las Navidade sy el aumento de las reuniones sociales en las festividades. El mes de enero ha empezado en la comunidad con un aumento constante de la incidencia acumulada en la región que preocupa a las autoridades. De hecho, según los datos del Ministerio de Sanidad, la incidencia de este lunes se establece en 443,13 casos por 100.000 habitantes.

Unas medidas que la pasada semana el gobierno autonómico ya había aplicado a ciudades como Palencia, Ávila y Segovia, que se encontraban en el nivel 4 de alerta por casos positivos de coronavirus. Con una situación de “incremento vertiginoso”, las autoridades quieren ampliar estas restricciones a todo el territorio, además de incrementar las campañas de vacunación en la comunidad -siempre y cuando los suministros lo permitan- o continuar con los cribados masivos a toda la población.

Los cierres de los centros comerciales, gimnasios y la hostelería -en el interior de sus locales- entrarían en vigor el próximo miércoles, 13 de enero, a partir de la medianoche durante los próximos 14 días, es decir, hasta las 23:59 horas del 26 de enero. Eso sí, la Conserjería de sanidad valorará la situación de manera continua con las que estudiará si mantener las restricciones o levantarlas con el avance de los días y de la situación epidemiológica.

Además, la comunidad sigue con un cierre perimetral durante lo que resta de estado de alarma, hasta el 9 de mayo. El toque de queda también se mantendrá hasta la misma fecha, con la limitación de la movilidad nocturna entre las 22h y las 6h de la mañana.

Hostelería

Se cerrarán todas las actividades en el interior de los establecimientos, por lo que, el consumo tan sólo estará permitido en las terrazas al aire libre, descartando las conocidas como ‘peceras’. Tan solo se permite la actividad en el interior para servicios de entrega a domicilio o recogida en el establecimiento o en vehículo. Además, las reuniones sociales no podrán superar el máximo de seis personas.

Los servicios de restauración de los establecimientos de suministro de combustible o centros de carga o descarga o los expendedores de comida preparada quedan excluidos de estas restricciones, es decir, del cierre de los interiores. La intención es poder permitir la actividad profesional de la conducción y operaciones de transporte de mercancías o viajeros.

Lo mismo sucederá con los servicios de restauración integrados en centros y servicios sanitarios, socio sanitarios y sociales. Se incluyen en la norma las actividades de ocio infantil y juvenil, los comedores escolares y los servicios de comedor de carácter social.

Gimnasios

Las instalaciones deportivas convencionales y centros deportivos cerrarán sus puertas en las próximas dos semanas para todo aquel deporte que no sea federado y al aire libre. Se permite actividad deportiva para las competiciones y entrenos que desemboquen en fases de ascenso a competiciones oficiales regulares de ámbito estatal.

Los establecimientos de salas de apuestas y bingos también estarán clausurados. Tampoco se permite la entrada a estadios o cualquier tipo de evento deportivo, que seguirán sin público.

Centros comerciales

La única excepción para las grandes superficies comerciales serán en referencia a los locales minoristas de alimentación, bebidas, productos y bienes de primera necesidad, establecimientos sanitarios, centros o clínicas veterinarias, productos higiénicos, librería, prensa y papelería, combustible para la automoción, estancos, equipos tecnológicos y de telecomunicaciones, alimentos para animales de compañía, peluquerías, tintorerías y lavanderías o sucursales bancarias.

En ninguno de los casos podrá haber gente en las zonas comunes, tan sólo como lugares de tránsito para los comercios que permanecerán abiertos. Se cerrarán las zonas recreativas, incluyendo parques infantiles o locales de menos de 2.500 metros cuadrados de superficie.

Un estudio hecho en Wuhan revela cuánto duran las secuelas de la COVID

Un estudio realizado por investigadores procedentes de la Universidad de Medicina Capital y otras instituciones científicas del país chino publicado en The Lancet ha resuelto que, de los más de 1.700 pacientes con coronavirus utilizados en el análisis, un 76% tenía algún síntoma meses después de ser dado de alta.

Estas secuelas podrían extenderse, según el estudio, durante, al menos, seis meses. Los principales efectos secundarios posteriores a la enfermedad son la fatiga y las dificultades para dormir, que aparecían en un 63% y en un 26% de los casos analizados. Además, también habría complicaciones psicológicas tras superar la COVID-19, ya que un 23% de las personas estudiadas tendría ansiedad o depresión. Además, por supuesto, los pacientes que han tenido afecciones pulmonares siguen manifestando daños en ellos, según muestran sus radiografías.

Por todo ello, los investigadores que han realizado el estudio más grande hasta la fecha de todos los que han tratado de clarificar los efectos posteriores a la enfermedad insisten en la importancia de realizar un seguimiento preciso a los pacientes que hayan superado cuadros graves de la COVID-19 para evitar problemas de salud graves.

“Gracias a estos estudios estamos comenzando a entender algunos efectos a largo plazo en una enfermedad completamente nueva”, ha declarado el doctor Bin Cao, trabajador del Hospital de la Amistad China-Japón, de la Universidad de Medicina Capital y director del estudio.

Participantes en el estudio

Los pacientes analizados tenían una edad media de 57 años y estuvieron ingresados en el Hospital Jinyintan de Wuhan, el centro designado por las autoridades para tratar a las personas infectadas por coronavirus. Un 70% de todos los pacientes que fueron dados de alta en el hospital han sido incluidos en el trabajo.

El estudio recabó unos cuestionarios con preguntas sobre la sintomatología que presentaban, exámenes físicos y análisis de sangre, según explica el escrito publicado en la prestigiosa revista científica.

Sin embargo, trabajadores del Instituto de Investigación Farmacológica de Bérgamo (Italia) resaltaron en un comentario adjunto a la publicación la importancia de “interpretar los datos con precaución”, pues la forma en la que se habían cuantificado los datos no era del todo pertinente. Además, aportan los resultados de otros estudios que discrepan en algún aspecto con la investigación realizada en la ciudad que fue el foco de la enfermedad.

Principales secuelas a largo plazo

Los principales síntomas padecidos por los pacientes que ya han superado el coronavirus, tal y como asegura el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, son la fatiga, la falta de aire, tos, dolor articular y dolor en el pecho. También se producen, aunque en menor medida, la “niebla mental”, depresión y dolor de cabeza.

La mayoría de pacientes recuperan su salud normal, según la organización estadounidense. No obstante, hay pacientes que mantienen sus síntomas meses después de la enfermedad. Esto les ocurre en mayor medida a los enfermos que han desarrollado un cuadro grave, pero también les sucede a algunos con escasas dolencias durante el transcurso de la COVID-19.

La transmisión en Wuhan duró hasta mayo

Otro estudio realizado por trabajadores de la Universidad de Wuhan y publicado en Plos Neglected Tropical Diseases asegura que la enfermedad, a pesar de que “fue etiquetada como bajo control por las autoridades locales en abril”, se estuvo transmitiendo por medio de pacientes asintomáticos hasta entrado el mes de mayo.

Un 0,46% de las 60.107 personas analizadas, que no tenían ningún síntoma compatible con la enfermedad, dieron positivo en anticuerpos IgM. Estos anticuerpos sugieren que el paciente ha superado la COVID-19 recientemente o que se encuentra padeciéndola.

“Los datos que hemos obtenido nos indican que miles de personas fueron portadoras asintomáticas del virus entre marzo y mayo, mientras que las instituciones no reportaban ningún caso clínico de coronavirus”, concluye el trabajo.

Un virólogo vaticina cómo será la situación en España en febrero

La tercera ola del coronavirus está cada vez más presente. Los casos siguen aumentando, los hospitales empiezan a estar colapsados… y todavía queda que se conozca la incidencia de los próximos días, cuando pasen dos semanas de las fiestas y reuniones familiares de Nochevieja.

Esta previsión tan pesimista lleva varias semanas estudiándola los expertos en virología. Precisamente, uno de ellos, Carlos Pereira, profesor de virología y epidemiología de la Universidad de Santiago de Compostela, se ha referido a esta situación en una entrevista concedida a NIUS Diario. “España necesita ahora hacer un confinamiento de los de verdad, como el que hicimos en marzo para doblegar la curva”, ha señalado.

El peor momento de la tercera ola

Además, ha incidido aún más en el momento exacto en el que la situación epidemiología será realmente complicada: “El pico de la tercera ola lo veremos a mediados de febrero, esto no lo vamos a dominar con pequeños controles. Lo que estamos haciendo es prolongar esta situación”.

Las consecuencias de no tomar medidas más drásticas

En cuanto a las consecuencias que pueden traer no tomar medidas más drásticas, Pereira piensa que “podemos tardar dos años más en superar el virus, siguiendo durante este tiempo sumando muertes y contagiados”. Según el virólogo, “no podemos permitirnos esperar más” porque la vacuna tampoco es la panacea debido a las continuas variantes del virus que están apareciendo en diferentes partes del mundo y que podrían reducir la eficacia del fármaco inyectado.

Los contagiados siguen aumentado

España superó hace unos días los dos millones de casos confirmados y se sitúa cerca de los 52.000 fallecidos desde que estallase la pandemia en el mes de marzo. Por su parte, la incidencia acumulada se encuentra por encima de los 350 casos por cada 100.000 habitantes y se supera, en algunas provincias, los 500.

“Estamos peor que en la primera ola”

Uno de los países más golpeados por el coronavirus es sin duda Reino Unido. Ahora mismo, la pandemia alcanza niveles muy elevados en gran parte por la nueva cepa descubierta en dicho territorio, que es hasta un 70% más contagiosa, lo que ha aumentado la preocupación en la nación.

Así lo transmitió Belén Montoro, enfermera española afincada en Londres, en una entrevista concedida a la BBC: “Si realmente ahora no podemos con la situación, ¿qué vamos a hacer en dos semanas? La verdad es que me preocupa, me preocupa mucho”.

Mal momento

“Los recuerdos de la primera ola vienen y a veces me atrapan un poco, me hacen pasarlo mal. Parece que ahora soy mucho más consciente de lo que vivimos en la primera ola. Yo siento que ya estamos en muy, muy mal momento. Ahora los números de infectados son muy altos, lo que quiere decir que en una semana o dos eso se verá reflejado en la UCI”, añadió la sanitaria española.

Sobre la situación actual de los hospitales, explicó que “en la UCI los pacientes están muy inestables y necesitan muchos cuidados. En condiciones normales nosotras cuidamos de pacientes individualmente, de 1 a 1, y ahora mismo estamos cuidando de 1 a 2 o de 1 a 4, es decir, una enfermera con 4 pacientes muy inestables. Y claro, eso no es seguro”.

Las condiciones de trabajo

Debido a ello, confesó que “estamos trabajando de una manera que nos crea incertidumbre, mucha ansiedad, estrés… Si esos números siguen incrementándose yo no sé qué va a pasar, pero me da mucho miedo”.

Montoro también incidió en cómo se encuentran muchos enfermos: “La mayoría de los pacientes de la UCI están en un coma inducido cuando la situación es muy crítica. Pero también tenemos pacientes que están despiertos. Y sufren mucho, porque la mayoría tiene una ventilación que no es invasiva pero que duele mucho en la cara”.

“Y estos pacientes agonizan mucho y… creo que la gente no se da cuenta, pero nosotras como enfermeras también sufrimos mucho viéndolos en esa situación de estrés y de agonía. Verlos llorar de aquella manera y saber que no puedes hacer mucho por ellos es bastante demoledor a veces”, se lamentó.

Peor que la primera ola

Por último, recalcó que la evolución de la pandemia ha empeorado: “Aunque estamos más preparados en cuanto a protocolos, en cuanto a equipos, en cuanto a las directrices para lidiar con esta segunda ola, creo que el ánimo, el cansancio y la salud mental nuestra están mucho peor. Y obviamente eso es un pilar fundamental para poder llevarlo todo a cabo”.

“No se necesita un confinamiento total como el de marzo

El virólogo y experto en el diseño de la vacuna contra el coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), Luis Enjuanes, ha señalado en una entrevista a RTVE, que para controlar la tercera ola del virus se deberían tomar medidas más contundentes, como un “cierre fuerte y a corto plazo”.

Ante estas palabras, ha matizado que, según su opinión, “no se necesita un confinamiento total como el de marzo, pero sí cierres más fuertes que los actuales porque es la manera más eficaz de acabar con la transmisión descontrolada del coronavirus”.

Sigue el aumento de la incidencia del virus

Además, este aumento de casos que se llevan registrando durante los últimos días no se detendrá, ya que se empiezan a registrar los casos derivados de las reuniones familiares y concentraciones de la Navidad. “Supongo que habrá un repunte, especialmente si nos llega la nueva cepa del virus porque se ha visto que se transimite más eficazmente”, ha señalado Enjuanes haciendo hincapié en la variante del virus que procede del Reino Unido.

Desarrollo de la vacuna

En relación a la vacuna, el virólogo espera que la que está desarrollando, junto a su equipo de trabajo, vea la luz a finales de este año, ya que todavía se desconocen los efectos secundarios que pudiese provocar: “Hemos tenido algún problema técnico que nos ha retrasado entre dos y tres meses el desarrollo de la vacuna”.

La NBA se asoma al abismo

Boston Celtics no sabía si iba a tener los ocho jugadores que se necesitan, como mínimo, para salir a jugar en esta compleja temporada NBA, la que tiene que convivir con la pandemia sin la protección de la burbuja, que dio un resultado excepcional para cerrar el curso pasado, en Florida. Cuando los verdes, en situación convulsa tras el positivo de su gran estrella Jayson Tatum, reunían piezas como podían, se enteraron de que su partido contra Miami Heat, a priori un choque de titanes en el Este y revancha de los últimos playoffs, se tenía que aplazar… porque era su rival el que no tenía esos ocho jugadores disponibles.

El positivo de Tatum, es un dominó desasosegante, afectó a Bradley Beal, la estrella de Washington Wizards que pasó a considerarse contacto directo tras charlar con el alero de los Celtics (y defenderse mutuamente) en el reciente Wizards-Celtics. Beal lo supo solo minutos antes de jugar el sábado, precisamente contra Miami Heat, y tras realizar sus rutinas prepartido con normalidad. Antes de (precisamente) Celtics y Heat, los de la capital habían jugado contra los Sixers, otro equipo asaltado por el virus que el sábado jugó contra Denver Nuggets (teóricamente un partido excelente) con solo ocho jugadores, cuatro titulares fuera y tres novatos obligados a disputar más de 40 minutos. Los Sixers estaban asediados por las dudas, ni siquiera sabían horas antes si el partido se jugaría o no, desde que el positivo de Seth Curry se conoció con el escolta sentado en el banquillo del equipo en el partido anterior. Mientras, Jonas Valanciunas (Memhis Grizzlies) jugó medio tiempo y se tuvo que ir (por si acaso) en el descanso contra los Nets y los Mavericks tienen a varios jugadores aislados en un hotel de Denver, entre positivos y contactos directos.


Esa ha sido la realidad de la NBA solo en las últimas horas. Para la jornada del domingo (un programa de ocho partidos), 22 jugadores eran baja por cuestiones sanitarias relacionadas con la pandemia y otros 43 o no iban a jugar o estaban entre algodones según los partes médicos de los equipos, por otros problemas físicos. Las cuarentenas alargan los días sin entrenar, los partidos con bajas obligan a que los que están en pista lo hagan durante demasiados minutos y el calendario está comprimido para que (con 72 partidos con franquicia) se acabe como muy tarde el 22 de julio. Así que los entrenadores y ejecutivos temen que las bajas por protocolos sanitarios provocarán, como indeseable efecto secundario, más lesiones en otros jugadores y, en total, un complejo panorama deportivo y un factor de azar enorme en quién gana y quién pierde. Quién cumplirá con sus objetivos y quién no en una temporada a la que algunos empiezan a poner ya el asterisco que se quitó a la pasada, con el parón de cuatro meses y el reinicio en Disney World. Por ahora, eso sí, se han jugado 144 de los primeros 146 partidos en tres semanas de competición. Pero ¿cuántos se están jugando ya con plantillas diezmadas? ¿Cuánto piensan los equipos en lo deportivo y cuánto en lo sanitario? ¿Qué valor real se le puede dar a lo que está pasando tras un inicio flácido por lo fugaz de la pretemporada al que ha seguido la primera gran irrupción del virus?

El asunto es peliagudo. Conviene recordar las medidas básicas anunciadas por la NBA para esta temporada:

A grandes rasgos, quien dé positivo por COVID no puede regresar hasta que pasen diez días desde el positivo o el inicio de los síntomas o, si se quiere y puede acelerar, cuando obtenga dos PCR negativos separados por al menos 24 horas. Los positivos (también los asintomáticos) tendrán que estar diez días sin entrenar y pasar luego otros dos de ejercicios individuales y monitorizados. Los contactos directos se trasladan al control de trazabilidad de casos y tendrán que ponerse en cuarentena durante siete días y no tener, claro, ningún test positivo durante ese período. Este punto es, por ahora, uno de los que más fricción está creando entre franquicias y Liga. Algunos creen que no son claras las fronteras y las formas de la aplicación en la práctica (y en una competición de ritmo vertiginoso) de ese seguimiento de casos. La NBA, a diferencia por ejemplo de la NFL, tiene a sus equipos viajando constantemente por un país en el que la pandemia no cede y en que la cifra de muertes diarias ya supera las 4.000. Cada equipo juega hasta cuatro partidos a la semana. En la NFL, que superó la fase regular con sobresaltos pero sin contratiempos decisivos, cada equipo juega un partido semanal.

La Liga se aferra a sus protocolos

La NBA, por ahora, no va a parar ni va a plantear la burbuja durante la fase regular. Los playoffs podrían ser otra historia, pero para eso queda mucho (arrancan el 22 de mayo) y para entonces la Liga cree que la situación puede haber mejorado, con la irrupción definitiva de la vacunación a gran escala como posible tabla de salvación. Los jugadores no querían volver a someterse al aislamiento y la carga emocional de ese formato, que tan buen resultado dio en lo deportivo dadas las circunstancias y que además fue carísimo: unos 180 millones de inversión para la Liga (se salvaron unos 1.500, eso sí). El comisionado Adam Silver dejó claro antes de iniciar la temporada que era “inevitable” que se produjeran situaciones como las que se están produciendo, que había “planes de contingencia previstos” casi para cualquier eventualidad y que la idea era no parar, aunque se avance a trompicones. Empezar el 22 de diciembre fue una exigencia económica para salvar la lucrativa jornada de Navidad y ajustar un calendario sin partidos en verano y sin fechas durante los Juegos Olímpicos. Pero metía el inicio de curso directamente en el flujo del pico de casos que sin duda iban a producir las fechas navideñas, con su profusión de reuniones familiares.

Pero, por muy previsible que fuera, la situación se está poniendo tan fea que Mike Bass, portavoz de la Liga, le ha tenido que confirmar a Adrian Wojnarowski (ESPN) que no se plantean la suspensión: “No hay intención de parar. Seguiremos los consejos de nuestros expertos médicos. Contábamos con que iba a haber aplazamientos y preparamos así el calendario”. Ese calendario es otro asunto de debate. Se jugará media Regular Season hasta el 5 de marzo, fecha en la que habrá cinco días de parón de All Star… sin All Star (aplazado). Después se jugará, a partir del 11 de marzo, la segunda parte de la temporada, que acabará el 16 de mayo. La NBA solo anunció el calendario de la primera mitad para garantizarse margen y espacio para recolocar partidos o reubicar formato si la situación se ponía muy fea. Algunos creen que una vez que se ganó esa vida extra, la NBA debería haberla utilizado para, por ejemplo, aplazar el Sixers-Nuggets del sábado. El riesgo es acabar en un trampantojo competitivo con el virus determinando quién gana a quién y equipos que preferirán no jugar a hacerlo: ¿acaso no conviene más aplazar un partido que jugarlo con ocho jugadores en plantilla? También se considera que se debieron tener más reflejos a la hora de subir las plantillas a 19 jugadores de forma excepcional y para dar más margen ante la catarata de eventualidades que ya se está produciendo. Esa opción (con cuatro contratos de tipo two way por equipo) todavía no se ha implementado y muchos ya la echan de menos como una solución. Imperfecta… pero útil.

La NBA cree que hay que pasar el trago y que, en todo caso, si para temporalmente la situación empeorará porque los positivos se dispararán con los jugadores fuera del ciclo competitivo. Cuando regresó para la apertura de los training camps, la Liga totalizó 48 positivos en sus primeros test. En total ha habido 63 sobre un volumen de jugadores (550) que pone el porcentaje muy por debajo de la media nacional, aunque en los últimos días es cuando la situación se ha vuelto realmente preocupante: en la última semana 20 jugadores han acumulado un total de 63 jornadas inactivos. La NBA vive en la espiral de casi cualquier ámbito social con el virus, entre la voluntad de no rendirse y el riesgo de ir demasiado lejos y enredarse demasiado entre sus catastróficos tentáculos.

Porque la cuestión no es solo si se puede o no jugar, sino cómo: “La Liga nos dice que la cosa mejorará en la segunda parte de la temporada, pero el miedo es que esto no acabe con todo durante estas próximas semanas”, le dice a Wojnarowski de forma anónima un directivo de una de las treinta franquicias que viven en una extraña sensación, casi irreal. Gana el que más jugadores disponibles tiene, o muchas veces el que más empeño pone, sencillamente. Los vaivenes tienen razones que escapan a la dinámica normal de una temporada y el proyecto es ir salvado cada día como buenamente se pueda. Hasta ahora, el 48% de los partidos ha visto ventajas de al menos 20 puntos a favor de un equipo. Un anomalía en un año de calendario complicado, con compresión de fechas y equipos que se miden en noches consecutivas en un intento de evitar desplazamientos, uno de los momentos de más exposición a un virus al que ahora no se puede, como en la burbuja de Florida, dar sencillamente con la puerta en las narices.

La NBA (lo hace, desde luego) tiene en primer lugar que velar por la seguridad y las garantías sanitarias. Pero tiene además que lidiar con la frustración de equipos, jugadores y aficionados y salvaguardar sus intereses económicos en un tiempo tan complejo que todo lo que no sea una catástrofe transformativa se da por bueno. La Liga no va a parar, por ahora, aunque en los próximos días vamos a saber cómo de feo puede ponerse todo antes de que asomen brotes verdes. “No controlamos nosotros la situación”, asegura Erik Spoelstra, entrenador de Miami Heat. Y esa es la realidad, a nivel global y en todos los ámbitos con la pandemia. A estas alturas, eso lo sabemos todos. La NBA se pone en manos de sus protocolos y confía en avanzar hasta que (con las vacunas al final del camino) empiece a haber tregua. O hasta que el calendario por detrás supere ya con creces al que quede por delante y la burbuja pueda volver a plantearse como una opción salvadora. La sensación de los últimos días es de asedio, y de espiral imparable hacia el descontrol. Silver dijo que contaban con ello y que estaban preparados para casi todo, pero es distinto advertirlo a priori que vivirlo en el día a día de una Liga donde cada noticia en las últimas horas es más preocupante que la anterior. Pero que por ahora seguirá jugando porque, sencillamente, parar no es una alternativa y solo sería una durísima asunción de hechos consumados a la que, desde luego, esperamos no llegar.

 

Detectan una nueva enfermedad cardiovascular en niños provocada por la COVID

Cada vez resulta más difícil identificar si padecemos COVID-19 ya que se puede presentar de diversas formas. Los expertos descubren constantemente nuevos síntomas asociados a la enfermedad. Recientemente, el Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla ha coordinado el mayor estudio multicéntrico europeo sobre los efectos cardiovasculares de la infección por COVID-19 en niños y adolescentes y ha relacionado al virus con el síndrome inflamatorio multisistémico (MIS-C) en estos sectores de la población.

En el estudio, publicado y avalado por la segunda revista mundial con mayor impacto en Cardiología, Circulation, han participado más de 100 investigadores de 17 países y 55 centros médicos. Sus autores han analizado las manifestaciones cardiovasculares más frecuentes en el síndrome inflamatorio multisistémico asociado al coronavirus, en lo que es una nueva enfermedad que se ha descrito tras la irrupción de la pandemia en pacientes pediátricos.

¿Qué es el síndrome inflamatorio multisistémico?

El síndrome inflamatorio multisistémico consiste en la inflamación de algunos órganos, como el corazón, los pulmones, los vasos sanguíneos, los riñones, el sistema digestivo, el cerebro, la piel, o los ojos. Sus síntomas dependen de las áreas del cuerpo que se ven afectadas, aunque los expertos han descubierto que estos son los más comunes: fiebre, dolor abdominal, vómitos o diarrea, erupción en la piel, dolor en el cuello, labios rojos, secos y agrietados, ojos rojos, mucho cansancio e hinchazón de manos o pies.

Aparece en personas sanas

La presencia del síndrome inflamatorio multisistémico en Europa aumentó entre los meses de abril y mayo y tras el verano de 2020. Además, los autores destacan que estos problemas cardiovasculares aparecen frecuentemente entre la población sana: “Se desconoce por qué algunos niños desarrollan MIS-C. Muchos niños con MIS-C no tienen antecedentes de una infección respiratoria sintomática y la prueba del SARS-CoV-2 es negativa por reacción en cadena de la polimerasa, pero han desarrollado anticuerpos IgG específicos del SARS-CoV-2, lo que sugiere que la infección inicial ocurrió al menos dos semanas antes del desarrollo de MIS-C”.

A pesar de la dolencia, con un seguimiento específico y un tratamiento correcto, se puede evitar la manifestación de complicaciones cardiovasculares, como el shock, arritmias cardíacas, derrame pericárdico y dilatación de las arterias coronarias, que son las más comunes.

No aumenta la mortalidad

El dato más tranquilizador que arroja el estudio es que, en comparación con los adultos, la mortalidad en niños que padecen esta patología es poco común, a pesar de que exista un aumento significativo de los marcadores bioquímicos de inflamación o afectación multisistémica. Por eso, la investigación se centra en describir sus síntomas. No obstante, los investigadores advierten de la elevada relación entre el grado de elevación de los marcadores bioquímicos y la necesidad de apoyo de cuidados intensivos.

Según los editores de la revista, este artículo puede resultar muy útil para los médicos de todo el mundo y, en concreto, para los pediatras de aquellos países que ahora se enfrentan a una segunda ola, asegura el hospital, ya que sus conclusiones ayudan a conocer las manifestaciones cardiovasculares clínicas y optimizar el manejo terapéutico.