El gobierno de Parejo y la tendencia a mirar en LaLiga

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El poder es él

No hay equívocos con Dani Parejo, reacio al sensacionalismo futbolístico y cuyo efecto en el juego de su equipo es único. Lo fue en el Valencia y lo es ahora en el Villarreal. La goleada al Celta, huérfano tanto sin Iago Aspas como sin Renato Tapia, alude a la orden y visión del medio centro, impagables su capacidad de asociación (73 pases buenos) y gestión en el trabajo defensivo (10 recuperaciones). Como su hechizo con Gerard Moreno, instantáneo desde el primero día. Parejo fue la autoridad en el campo y su actuación constituyó la dictadura del talento. En él conviven elementos aparentemente antitéticos como la elegancia y el control. Su fútbol, en definitiva, transmite una credibilidad al alcance de muy pocos. A sus 31 años, nunca ha disputado una gran competición con España. La potestad creativa que exhibe demanda hoy una oportunidad.

Papel cambiado

Otros jugadores ejercen una influencia similar desde lugares distintos. El lucimiento de En Nesyri frente a la Real Sociedad recolectó todo tipo de alabanzas, muy merecidas, pero camufló la enérgica actuación de Fernando (33 años). Estuvo inconmensurable. Lopetegui desencadenó al centrocampista brasileño en la presión con el propósito de trabar la construcción realista. El sentido posicional y reflejos en la anticipación de Fernando hicieron el resto, con un protagonismo destacado en los dos primeros goles del Sevilla. Se le vio ocupar espacios más adelantados que en otros partidos e incluso invadió el área contraria. El jugador que acostumbra a equilibrar al Sevilla amplió el catálogo de sus funciones.

La idoneidad

El regreso a la victoria del Cádiz señaló la importancia del Choco Lozano (27 años) en la estrategia de Álvaro Cervera. No hay delantero más adecuado para interpretar lo que quiere el entrenador cadista. El nivel de aceleración a campo abierto, el olfato para atacar los centros y la disposición para la pelea encajan como un guante con la propuesta del Cádiz. La confluencia de estas cualidades quedó demostrada ante el Alavés: gol, asistencia, 35 toques… Y la expulsión de Tachi. Pero no se trata de un simple partido, su incidencia va más allá. En un equipo hecho para las transiciones y las acometidas por las bandas, el hondureño emerge como el jugador ideal para este estilo.

Ganar desde lejos

El respiro del Valencia en Valladolid llegó de una forma poco habitual. El disparo desde fuera del área de Carlos Soler, con la colaboración inexcusable de Masip, alivió la delicada situación del conjunto de Javi Gracia. No es que fuera extraño que el Valencia ganara, sino el cómo. Cada vez se ven en LaLiga menos lanzamientos desde larga distancia. Es esta la temporada que menos remates desde fuera del área se producen, sin llegar a los ocho por encuentro. La cifra responde a una tendencia descendente e imparable desde la 2005-06, curso que deparó 13 disparos de media en este apartado. Ahora se ve un gol de este tipo cada cuatro partidos. El hecho en sí se ubica en la línea de burocratización del fútbol, cada día más metódico, donde la espontaneidad y la calidad individual han sido relegadas. Convendría no acotar tanto la inspiración individual. Que se lo digan a Soler y al Valencia.