Toronto, de campeón a colista de la NBA en sólo un año y medio

El cambio de los Raptors es sustancial. Se ve en el tiempo. De vigentes campeones a la burbuja, donde perdieron ese honor cayendo ante los Celtics defendiéndose bien pese a haber perdido a alguien tan decisivo como Kawhi Leonard. Mercado de fichajes y adiós, también, a los dos españoles en plantilla: Marc Gasol y Serge Ibaka decían adiós. Se quedaba al mando Siakam, con el capitán Lowry y el renovado VanVleet como apoyos principales, pero por ahora las cuentas no salen. Las sensaciones son malas y eso se plasma en finales en los que falta decisión y acierto y que lleva a unos números fatales.Los canadienses, exiliados a Tampa Bay por la pandemia, son ya el peor equipo de la NBA en términos clasificatorios, compartiendo la posición con los Pistons. 2-8. Sólo hay un año y medio de diferencia. 

En Portland se volvieron a abrir las costuras cuando el balón quema. Además el técnico Nick Nurse está apostando por alineaciones con pequeños y ni así sirvió para frenar el poder de Lillard y McCollum, uno de los mejores dúos de exteriores que hay en toda la NBA. El segundo forzó la victoria para los Trail Blazers con un bamboleo y tiro a seis metros del aro a diez segundos del final. Pascal Siakam, por contra, volvió a ser la viva imagen de la desesperación de los Raptors: triple-doble (22+13+10) y fallo en el lanzamiento para ganar la contienda. Los locales ganaron 112-111 a los visitantes, que han perdido cinco de los últimos seis partidos. 

Peor todavía es el panorama cuando vas ganando plácidamente y te dejas remontar. Y cuando no es la primera vez en un lapso de poco más de dos semanas. En el Moda Center los Raptors fueron ganando por 17 (35-52) en el segundo cuarto. Mucho tienen que cambiar las cosas para que, pese a la facilidad del Este, mejoren la cara. 

Es que el inicio de partido recordaba a los Raptors de antaño, a los buenos. Y Siakam, el que en aquellas Finales de 2019 sorprendió a más de uno por su arrojo. El destrozo que hizo en el poste bajo, a derechas y sobre todo a izquierdas, era curioso. Actuó de referencia y también supo proveer a sus compañeros de espacios y buenos pases para que hicieran pupa con los triples. Johnson, Boucher, Lowry, etc. Beneficios de un Siakam que terminaría el primer cuarto con una canasta sobre la bocina. 

Jusuf Nurkic, con un bocadillo en el cuádriceps, se tuvo que marchar y no jugó más. Los balones eran para Enes Kanter. Stotts quería aprovechar que Baynes no estaba y que Len está frío de lo poco que ha sido utilizado, pero fallaba en defensa para contener a Boucher y los que venían de fuera. Ahí, en el segundo cuarto, se estabilizó la buena ventaja de la que gozaban los visitantes. 

El que puso remedio a lo mal que lo estaban haciendo fue McCollum. Un triple, un buen pase y dos asistencias activaron, junto al brío de Derrick Jones, a los Trail Blazers. 

Después de una falta inexistente que daba pie a una canasta de Kanter, que sólo falló un tiro en todo el partido, se llegó al descanso. Ya sólo ganaban por cinco los Raptors. 

En cuanto se puso en marcha la segunda mitad los Blazers se pudieron por encima. Lo curioso es que luego los Raptors aguantaron el tirón, no se hundieron. De la mano de Anunoby recobraron rápidamente la horquilla de los cinco puntos de distancia. Con ello supieron vivir de nuevo hasta que llegaron al momento definitivo. 

Damian Lillard (23) y Carmelo Anthony (20) también se unían a McCollum para revertir la tendencia. C.J. lo hacía gracias a los triples, donde tiene mejores porcentajes que Curry y que ningún otro jugador esta temporada que tire diez por encuentro (44,5%). Con el partido dado la vuelta en los dos últimos minutos aparecieron Boucher y Siakam con dos canastas para poner uno arriba a los suyos con tiempo para una posesión. McCollum retó a VanVleet y ganó con premura y Pascal Siakam, de nuevo, no acabó el trabajo.

Los Bucks suben puestos a costa de los desvirtuados Magic

Los Magic continúan pagando la lesión de Fultz, su gran sorpresa en el inicio de la temporada, y que tampoco cuentan con Isaac, otro de sus jóvenes valores. Empiezan a ver las consecuencias y éstas no son buenas. Los Bucks, en lo que era una revancha de las eliminatoria que ambos equipos disputaron en la burbuja y que marcó la suspensión momentánea del espectáculo tras el tiroteo al ciudadano Jacob Blake, aprovecharon las circunstancias. 

Los locales lo pelearon hasta el final. El encuentro, pese a acabar con una diferencia abultada, no se resolvió hasta el cuarto periodo. Se entró a él con cuatro puntos de diferencia entre los dos conjuntos e incluso se pusieron a dos los Magic, pero el mayor poder de los de Budenholzer valió para la escapada en el tramo decisivo. 

Nikola Vucevic (28 puntos y 13 rebotes) fue el más acertado del encuentro, pero su aportación no sirvió para evitar la derrota de los suyos por 22. Aaron Gordon, con 21 puntos, le ayudó y destacó con un mate sobre Giannis. El griego fue el mejor de los Bucks con 22 tantos, seguido por Khris Middleton y Bobby Portis (ambos, con 20) y un Bryn Forbes que firmó 14 puntos. 

Es sólo la segunda victoria seguida de los Bucks, pero eso les permite superar precisamente a los Magic en la clasificación de la Conferencia Este. 7-4 para Milwaukee y 6-5 para Orlando, que ha perdido tres partidos consecutivos.

La heroicidad de Caris LeVert (43) no sirvió a los Nets en Memphis

La temporada pasada tocó tirar con lo que se tenía. En el inicio de esta nueva campaña, más esperanzador por las estrellas que se han podido unir, también ha habido contratiempos que, en partidos como éste, dejan margen a los que menos juegan para salvar la papeleta. No veremos más a Spencer Dinwiddie esta temporada, ésa es una baja segura, pero en esta franja del calendario también se ha juntado el aislamiento de Kevin Durant tras tener contacto con un positivo por coronavirus y las razones personales que ha aducido Kyrie Irving para salirse de la disciplina habitual de la plantilla. Vamos, que ante los Grizzlies el panorama era parecido al de la pasado año: estirar el chicle y ganar sólo si se ve una flaqueza. 

El contrario también tiene sus problemas. Ja Morant sigue y seguirá de baja por lesión. Hablamos de un jugador que viene de marcar su récord personal antes de hacerse un esguince de tobillo que le ha dejado parado un mes. Pérdida de mucha valía para Taylor Jenkins. Pero precisamente este técnico, un año más experto que un Steve Nash directamente debutante, se ha caracterizado por saber buscar alternativas dentro de su plantilla, que hay veces que no da para más. 

Los Grizz ya les habían ganado el primer duelo de la temporada. Fue en el que se lesionó Morant y las bajas en el equipo neoyorquino eran las mismas. Bueno, otro de los que podía hacer daño por fuera ante la ausencia de Ja, Tyler Johnson, también está fuera por el protocolo del coronavirus. Y se volvió a repetir la historia. Memphis lleva tres victorias y dos de ellas son ante Brooklyn

Se le complicó rápido la historia a los vestidos de negro. El multiusos Bruce Brown fue el que empezó como teórico base aunque en la práctica era una comparsa. Lo que había que hacer era darle el balón a Caris LeVert cuando se llegara a los tres cuartos de cancha. Pero flagrantemente, además. Eso funcionó unos minutos, claro. Allen, que le ha quitado el sitio a Jordan, jugaba buenas pantallas para que LeVert tuviera espacios para levantarse. El fondo de armario de los Nets es para contentarse y quizá en esta ocasión pecaron demasiado de darle el balón a un solo hombre. 

En el otro lado el movimiento de balón era de más calidad, menos itinerante. Tyus Jones era el encargado de mover al equipo y Dillon Brooks fue el que empezó a asumir tiros. Pero ahí sumaban todos. Frazier, el hombre fichado para sustituir a Morant, metía sus tiros, Tillman destacaba en una mala noche de Dieng, el trío de Allen, Bane y Melton hacía trizas a los quintetos de cambios del rival, etc. 

La distancia se instaló en los veinte puntos en la primera franja del segundo cuarto. Era simple: los Nets no producían acorde a lo que estaban concediendo. Y la estrategia con LeVert, que acabaría con siete triples y un total de 43 puntos, empezaba a no ser suficiente. Antes de llegar al último cuarto, igualdad de fuerzas. Un 2+1 de Allen, de hecho, ponía por delante a los Nets (78-80, minuto 32).

Ya en el último periodo, fuerzas muy igualadas. Mención especial al trabajo de Brandon Clarke, que espoleaba a sus compañeros con acciones encadenadas en ambos lados para ganar algo de aire. Clarke, autor de 21 puntos, 8 rebotes y 5 asistencias, metió la última canasta en juego de su equipo. Un triplazo con paso atrás de Caris LeVert apretó todo en los últimos segundos, pero el novato Desmond Bane no falló en los tiros libres y sentenció el partido, que acabó con el 115-110.

Gerard, en la casa de Aspas

Seguro que Luis Enrique tenía marcado en rojo el duelo de esta noche en su calendario de seleccionador (sigue el partido en directo en AS.com). Porque hoy era el día para ver frente a frente a los dos mejores delanteros españoles del momento, por no decir de los últimos años. La batalla de las zurdas prodigiosas de Aspas y Gerard Moreno se presentaba como un duelo épico. Sin embargo, no será posible por la baja de Iago Aspas, que deja huérfano a un Celta que no sabe vivir sin su estrella.

Y para muestra, un botón. Primer partido sin el moañés, ridículo mayúsculo. El Celta arrastró su escudo por Ibiza y ahora Coudet necesita recuperar crédito tras su primera gran debacle como técnico celeste. El desafío será importante porque además de Aspas, Nolito llega tocado y tampoco estará Tapia por sanción y porque el rival es de entidad.

Emery también tiene bajas, como la del capitán Mario Gaspar o el goleador Paco Alcácer, pero su fondo de armario es mucho más amplio. Todas las miradas están puestas en el talentoso Gerard Moreno, pero el Villarreal está destacando por ser un equipo fiable desde su portería hasta la contraria, con gente de nivel como Parejo, Moi Gómez o Pau Torres y chavales brillantes como Yeremi Pino o Fer Niño. El Submarino desborda talento y esta noche intentará aprovechar el primer momento de crisis de la era Coudet, cuando surgen las primeras dudas.

La resaca de Ibiza persiste en Vigo. Para más inri, la decisión de marginar a Sáenz y Costas ha supuesto una nueva polémica. Después de firmar el mejor diciembre de la historia del club, el Chacho se ha encontrado con su primera tormenta. Según como salga de la misma, vislumbrará un destino u otro: Europa o la permanencia. El Villarreal, por su parte, tiene la oportunidad de casi eliminar a un potencial rival directo. Eso sí, el duelo no será tan dramático como el de hace dos años, cuando ambos luchaban angustiosamente por salvarse.

Campanas por Messi

La Catedral abre sus puertas a Marcelino, que con el Athletic-Barça de hoy (aplazado de la segunda jornada) inicia uno de los desafíos más grandes de su carrera (sigue el partido en directo en AS.com). Entrenador de capacidad reputada, no son días fáciles para el Athletic, que decidió destituir a Garitano pese a estar en aguas tranquilas de la clasificación. Marcelino ha generado cierta controversia en el Botxo pero, con excepción del Sevilla, donde los pesos pesados y resabiados de la plantilla no le ayudaron, ha triunfado donde ha ido. Después de salir de Mareo, Recre, Racing, Zaragoza, Villarreal, Valencia… Veremos cómo le va en un club con una idiosincrasia tan especial y unos valores tan sonados. Marcelino empieza contra un toro venido a menos, el Barça, que le trae buenos recuerdos. Un guiño. Esa final de Copa de Sevilla le elevó en Valencia. Paradojas de la vida, Marcelino sigue siendo campeón en facto y podría mantener el estatus si gana la final pendiente contra la Real.

Pero vayamos al Barça, ese gigante con pies de barro capaz de perder en Getafe, Cádiz, pinchar en Vitoria o ganar pidiendo la hora contra el colista en Huesca. Lo único que le faltaba a Koeman era la amenaza del COVID, que tiene en ascuas a los barcelonistas después de los dos positivos en el staff técnico del holandés. Para el Barça, todo son finales en una carrera contra el reloj no se sabe muy bien con qué objetivo, porque LaLiga está lejísimos. Es un Barça on tour, que no jugará en casa en todo el mes de enero y al que espera esta visita de Bilbao, Granada y Elche. Braitwaite o Griezmann es la gran duda de Koeman, que podría apostar por un 4-4-2 para contrarrestar el sistema fetiche de Marcelino. La Catedral, ojo, puede despedir a Messi. El argentino, peleado con el gol hace meses, ha sido temido, pero también muy respetado en Bilbao, donde firmó un gol inolvidable en la temporada 2012-13. Si es que tiene que ser su último partido en La Catedral, querrá ponerle su firma eterna. Campanas para esta leyenda.

Un día malo de Doncic impulsa a un nuevo fenómeno, LaMelo Ball

En 2018 Luka Doncic irrumpió en el panorama de la NBA haciendo barbaridades desde el primer día. Llegaba de ser el amo en la España y Europa, de ser profesional, y la transición le fue más sencilla que a otros. El l número 3 del Draft de 2020, misma posición que ocupó Doncic en su día, fue LaMelo Ball, un chico rodeado de hype desde que tenía 14 años y que también era ya profesional pero procedente de una liga menor (la NBL oceánica). Con este segundo se ha exigido mucho desde la pretemporada, sin dar opción al error, machacando que sea un jugador de highlights y que luego le cueste anotar con fluidez pese a que lleva cuatro partidos en la liga. Sin que el consecuente periodo de aclimatación tenga un mínimo de recorrido, al joven base de los Hornets se le han tirado a la yugular por no ser lo que no es. Casos distintos los de Doncic y Ball, pero cuando se han cruzado los caminos ha habido un cambio. Ambos operan en la misma posición, generando juego para sus compañeros y teniendo arranque y facilidad para anotar, pero uno está ya en la estratosfera y el otro estaba esperando en el aeropuerto. 

Los Mavericks llegaban con el pecho hinchado después de abrasar a los Clippers en el Staples Center. Venir de una paliza de esas dimensiones hizo que se relajaran en exceso y que subestimaran a unos Hornets sin pívot titular y con una plantilla más floja. Salieron escaldados. Fue un partido para ver boca abajo lo que siempre se ve boca arriba y viceversa: Josh Richardson hizo un matazo en el primer cuarto y terminó con 1/10 en tiros, Gordon Hayward venía de anotar mucho y aquí metió el 25% de los tiros… y Luka gripó el motor y LaMelo puso el turbo. 

Sabiéndose mal Luka Doncic decidió practicar el lanzamiento después del partido. No uno ni dos, hasta cuarenta minutos estuvo. Mientras lo hacía Rick Carlisle daba explicaciones en la sala de prensa: “Está claro que todavía no ha cogido su ritmo”. Los Hornets fueron los que sacaron de punto, que se dice en la jerga ciclista, a los Mavericks, una cuestión de ritmo en la que LaMelo Ball sí tuvo cosas que decir para contestar a sus impacientes críticos. 

Una salida en falso de los Mavs ya dio pistas. Maxi Kleber partió como suplente y entró a la pista en cinco minutos para salvar el honor de su equipo en el primer cuarto. Habían empezado bien, con un 8-2 de parcial, pero el entrenador creyó que algo no funcionaba. Así era. Los locales, pese a empezar mejor, fueron perdiendo gas progresivamente. Tenían que tirar del talento individual y de los errores no forzados del contrario. No pintaba bien para ellos.

Charlotte no necesitó siquiera una buen versión de Graham y/o Hayward, que llevarán el peso anotador esta temporada con mucha asiduidad. Tampoco a un Biyombo en su mejor punto. Es, probablemente, lo peor que se le pueda achacar a Dallas. Sobre el papel y con los ingredientes la receta debería haber salido digna de MasterChef y quedó como si la hubiera hecho un aprendiz. 

En el segundo cuarto empezaron los movimientos sísmicos. Cuatro minutos seguidos sin anotar se tiraron los Mavericks. Doncic fue el que rompió ese mal tramo, pero la diferencia ya estaba por encima de la decena. Punto peligroso para ellos. Los Hornets estaban moviendo muy bien el balón, con Terry Rozier a la cabeza y con Ball (22+8+5) metiendo los tiros y Bridges (20+16) haciendo de todo en todos los lados. James Borrego se quedó con la copla y dio más protagonismo a estos dos al entrar en la segunda mitad, donde el encuentro se desequilibró definitivamente. Rozier metió dos triples seguidos y asistió a Graham para otro nada más salir del descanso en lo que fue un 0-14 de parcial que decapitó las opciones del rival. 

La diferencia ya era insalvable para los texanos y Luka Doncic ya había entrado en el clásico bucle de protestas que se da cuando ves que no te sale nada. Su equipo anotó doce puntos en el tercer cuarto, casi al nivel de los Clippers cuando se midieron a ellos el pasad domingo. Así, difícil. Un último acto inservible dio carpetazo al primer partido consistente de LaMelo Ball, que se mira en el espejo del esloveno aunque sólo sea de pasada, en la la liga norteamericana.

El 36º cumpleaños de LeBron James, histórico para él y la NBA

Día para estar felices. Por muchas partes. Hasta en la derrota los Spurs tiene algo por lo que congratularse. Un paso más en la historia de la igualdad, del reconocimiento a los méritos sin importar sexo, se dio en la noche del 30 de diciembre. El 2020 ha traído todo lo malo imaginable, pero se va a ir con un rayo de esperanza para la NBA en estos términos. Es una mera formalidad, sí, pero también un gesto para descubrirse a horizontes no explorados. Una entrenadora, Becky Hammon, ha dirigido por primera vez a un equipo de la NBA en partido oficial. Sólo unos minutos, por la expulsión del técnico principal, pero lo ha hecho. Hammon, conocida por su historial como jugadora y por haber pasado por Rusia o España dejando huella en esa etapa, ya había hecho entrevistas para ser fichada como entrenadora-jefe en otros lados, pero la gran oportunidad todavía no ha llegado. Le ha venido a ver el temperamento de Popovich, en una estrategia clásica para cambiar las tendencias en los partidos, y que esta vez sí era la siguiente en la cola y no un Tim Duncan que asumió ese puesto en otra expulsión que se dio la pasada temporada. Su momento para dirigir, pero sobre todo para gritar que el cambio es posible y está cerca de producirse con todas las de la ley.

Fue, además, una jornada de celebraciones por varios bandos. En los Lakers, LeBron James ejercía de cumpleañero. 36 años. Qué mejor cruce de nombres que el suyo, el de un jugador que es alabado por lo que hace en la cancha pero más incluso por lo que hace fuera de ella, con el de Hammon. Los números cuadraron de tal forma que el ’23’ pudiera celebrar no sólo con tarta sino con otra estadística de esas de las que no se está muy pendiente pero que te quema las pestañas cuando la miras. 1.000 partidos metiendo 10 puntos o más. El récord lo había superado, batiendo a Michael Jordan, hace dos años, pero es que lleva sin firmar un encuentro en el que anote menos de una decena desde 2007. Brutalidad tras brutalidad. Qué mejor que apretar un poco más el acelerador y ser el mejor de los angelinos como contribución a la victoria: 26 puntos, 5 rebotes y 8 asistencias. Por eso de no perder las costumbres, que para eso es el rey. 

Los Lakers controlaron perfectamente el partido desde el primer cuarto, sabiendo sacar partido a una rotación con muchas más posibilidades que la de los Spurs y cerrando el enfrentamiento con tranquilidad. 107-121 en su primer partido fuera de casa para ponerse en positivo, 3-2, en la clasificación de la Conferencia Oeste. 

Tocaba desquitarse después de caer en casa con los Blazers. Vogel usó una rotación más corta, incluso sin Talen Horton-Tucker pese a que Alex Caruso tampoco jugó, y puso en todo un brete a los Spurs en la pintura.

El 9-2 inicial, provocado por la verticalidad de Johnson y Murray, se convirtió ya en un 9-13 a mitad de cuarto. Los Spurs percutían en transiciones rápidas, pero en estático dominaban los Lakers cortando por el centro como cuchillo en mantequilla. James y Schröder daban a las a los suyos para distanciarse un poco más antes de que entraran en juego los triples: dos seguidos de Wesley Matthews, que acabaría con un inmaculado 6/6, y uno de Kyle Kuzma por sólo uno en el otro bando, uno de Mills.

Diferencia de diez al entrar en el segundo periodo. Momento para comprobar si los jugadores en cancha de los Spurs, bajos y no muy fuertes en comparación con la media, podían aguantar a LeBron James. La respuesta: no. Lanzado en una penetración, con espacio en media distancia y haciendo daño desde el poste bajo en tres jugadas seguidas. Así se mantenían los Lakers con distancia prudencial.

Pero claro, a movimiento le podían hacer daño a los angelinos porque el equipo local presume de frescura y buenas piernas en sus jóvenes valores. Dejounte Murray dirigía las operaciones, siempre a la carrera, y acabó con su mejor marca anotadora: 29 puntos. DeMar DeRozan (23 puntos), otro seguro de vida. Les faltó, quizás, el soporte que supone LaMarcus Aldridge, de baja por un problema de rodilla, tanto para abrir opciones en ataque como para contener en defensa a Davis. 

La diferencia no bajó de cinco puntos y se estabilizó pasado el corte del descanso. El encuentro sirvió para ver el potencial de los jóvenes de los Spurs, aunque también faltara Derrick White, e incluso para ver Anthony Davis unos minutos de pívot, algo que pasara poco a lo largo de la temporada si se sigue la línea marcada. Victoria sin muchos contratiempos para los Lakers.

Luka Doncic revive su pasado en Phoenix: derrota inicial de Dallas

Hace dos años Luka Doncic debutó en la NBA. Lo hizo en Phoenix. Sensaciones extrañas las de aquel partido, se le vio perdido en comparación a lo que venía haciendo en el Real Madrid. Dos años después muchas cosas han cambiado, sobre todo la percepción que tiene de él en Estados Unidos: a los Suns no se les hubiera pasado por la cabeza pasar de él si se les presenta como hoy, el día del déjà vu. Dos temporadas en las que el esloveno ganó el Novato del Año y se ha puesto a nivel de MVP. Dos temporadas han transcurrido y se quedan ya en su palmarés. En este 2020/21 Doncic ha vuelto a revivir aquel partido. El primer encuentro de los Mavericks en esta campaña ha sido allí, en el renombrado PHX Arena y con algo de parecido también en el desarrollo del mismo. 

Los Mavs sucumbieron por 106-102. No encontraron la manera de reponerse a una mala primera parte en la segunda pese a los esfuerzos de un Luka Doncic que, acabando con 32 puntos y como máximo encestador del encuentro, volvió a quejarse al acabar de sus elecciones en los lanzamientos (0/6 en triples). Los Suns, que estuvieron perfectos en la burbuja pero no accedieron a los playoffs. Por tanto, aunque sea un ejercicio circense al que habría que ponerle un asterisco, los de Arizona llevan sin perder desde marzo. 

Los texanos estuvieron inconsistentes durante toda la jornada. Con Doncic jugando a un ritmo bajo y sabiendo llevar a Chris Paul, el flamante fichaje de Phoenix para esta temporada, los ataques estáticos estaban bien equilibrados. Igualdad notable. Vimos alguna jugada diseñada para Ayton, que se tiene que poner a ser referencia interior en la NBA a la de ya, y acierto de Bridges (17 puntos) y Johnson (15 puntos).

Doncic no estaba muy acertado en los tiros y aun así le daba para llegar fácil a la veintena. Esto quiere decir que ningún otro compañero le auxilió con maestría. Jalen Brunson siempre está muy correcto y Josh Richardson lo intentó como pudo, pero nada más. La diferencia en el marcador, ocho puntos (53-45), al descanso era un tanto ficticia porque los Suns también parecían inconstantes. 

Después de que Doncic expusiera las debilidades defensivas de Ayton, el jefe de su camada, llegaron las dudas a Rick Carlisle. ¿Cómo es posible que se defienda bien a Paul, uno de los mejores bases de la historia, y se te atragante Payne, uno de los que lleva años en la rampa de salida de la Liga? Pues así fue. Cameron Payne (11 puntos) dio el impulso que los Suns necesitaban para distanciarse en el tercer periodo, no sólo anotando sino moviendo al equipo y dejando espacio para que Devin Booker (22 puntos) pudiera terminar jugadas con tranquilidad. El invitado no esperado de este encuentro fue el director de juego suplente de Williams. 

La diferencia en el marcador subió a los diez al empezar el último periodo y los Mavericks sólo reaccionaban de la mano de un solo Doncic. Toma ésa, RAE. Se demostró la excesiva dependencia que tienen del astro europeo en los instantes finales: cuatro de las seis últimas jugadas fueron acabadas por Doncic, con canasta en tres de ellas. Es lo que mantuvo la intriga hasta el final, ya que a falta de dos minutos el partido estaba 100-100. A Booker le tembló la mano en dos tiros libres, pero no en el lanzamiento que abrió la brecha definitiva. A repensar la estrategia los Mavericks, que no dejan de ser aspirantes a todo en esta temporada, si quieren que partidos ante rivales directos se escapen así.

Jokic, ángel y diablo para Denver: 29+15+14 y una pérdida decisiva

Los Nuggets comienzan con traspié la nueva temporada. En la anterior demostraron que habían dado un paseo hacia delante y que podían dar el definitivo en la Conferencia Oeste. Perder en la apertura de temporada con un equipo tan peculiar como los Kings no es exactamente un inicio halagüeño. 122-124 cayeron, hizo falta una prórroga para doblegarles. Sobre todo no da tanta esperanza viendo el juego practicado, que dejó a más de un aficionado con desprendimiento de retina. Mucho trabajo por delante para los de Mike Malone, sobre todo en defensa. 

Sin sorpresas en la alineación de los Nuggets, que era una de las variantes a observar. Con las salidas de Grant y Craig el puesto de alero va a ser para Michael Porter, con mucho que demostrar después de su buen papel en los encuentros de la pasada campaña. Monte Morris fue el elegido por el técnico de Denver en segundo lugar y Facu Campazzo debutó pero con sólo ocho minutos de presencia en la cancha, algo que el también novato R.J. Hampton ni siquiera pudo decir. 

Los locales empezaron mejor el encuentro. Jokic como distribuidor y finalizador según mejor viniera y un Millsap versátil al lado ayudaron a que los Nuggets fueran por delante durante los primeros compases. Diferencias cortas. El partido estaba muy vivo, no había tiempo ni para pensar en qué es lo que significa defender, y la alternancia en el marcador llegaría a partir de la segunda manga. La salida de Will Barton dio puntos fáciles a Denver, pero Cory Joseph estuvo acertado de cara al aro y curtiendo al novato Tyrese Haliburton a su lado. Fox era el que imprimía un ritmo más alto cuando estaba y lo que llevaría a los Kings a darle la vuelta a la tortilla cuando empezó la segunda parte. 

Campazzo puso sus primeros puntos gracias a un triple desde la esquina derecha. Sería su única aportación en el ataque de su equipo, no le dieron más cancha. Porter tenía jugadas de las de acabar solo, Jokic se la podía cocinar y luego comer, Murray estuvo tremendamente errático en las dos partes de la pista… Pasto para que Harrison Barnes, sospechoso habitual a la hora de liderar sobre el papel pero no en juego, fuera sumando cual hormiga y fuera haciéndole más difícil el partido a los del estado de Colorado. 

El buen dentro-fuera de Bjelica, la pelea de Bagley y el acierto de Buddy Hield, sobre todo con dos triples casi consecutivos, ponían a 100 a los Kings, sacando ya ocho puntos de ventaja, en el inicio del último periodo del tiempo reglamentario. Murray y Porter lograban recortar mediada esa última manga. Cuando más apretaba el tiempo, a falta de tres, y con la remontada sin concretarse, balones a Jokic. El serbio acabaría con 29 puntos, 15 rebotes y 14 asistencias, aunque recordará este partido y no por lo bueno. Los 48 minutos expiraron con un 112-112 en el electrónico que mandaba el encuentro al tiempo extra. 

Los instantes finales del cuarto cuarto ya habían sido un continuo de errores y jugadas mal construidas, presos de la presión, pero la prórroga también tuvo una buena ración. Malone se la jugó con Barton, que aportó dos acciones positivas en ataque. Porter puso el +4 y los nervios se trasladaban al equipo californiano. Hields y Barnes apretaron el marcador. Una mala defensa dejó solo a Barton para que sentenciara, pero se relajó y llegó Fox con las rebajas. Barnes, de nuevo, sumando en ataque. Al final también lo haría en defensa. La última jugada era un saque de banda a falta de 6,5 segundos para el término de la prórroga, se la pasaron a Jokic y éste perdió el balón tras un toque del mencionado Barnes, que quiso acabar con un matazo, el balón rebotó en el aro y Hield, que siguió bien el contraataque, acertó con el palmeo y le dio la victoria a su equipo sobre la bocina. Partido loco.

Un tiro libre de Antetokounmpo decide a favor de los Celtics

Los renovados Bucks, los de un Giannis Antetokounmpo ya dispuesto a tener un futuro a larguísimo plazo con la franquicia al renovar cinco años más, repiten viejos errores. Se ha cargado de buenos jugadores en el mercado para contentar a su megaestrella e intentar mejorar la imagen de las últimas dos temporadas, donde no han hecho gala del favoritismo y se han ido por la puerta de atrás de los partidos decisivos. En la nueva temporada les tocaba estrenarse en el TD Garden de Boston y el resultado es uno de esos que ya se han visto otras veces

Como si fuéramos Bill Murray en Groundhog Day, como si esto fuera el Día de la Marmota, ya hemos visto este tipo de fallos antes. Antetokounmpo ya ha sido carne de meme en ocasiones anteriores por sus errores estrepitosos en los tiros libres, donde siempre ha demostrado que su fuerte no son los lanzamientos. En esta ocasión ha sido algo más importante lo que ha hecho que esa imagen, la del griego sufriendo en la línea de personal, sea la que quede como jugada de relevancia para los Bucks: su tiro libre final era para empatar el partido, por lo que su fallo es lo que dio el triunfo a su rival. 

Los Celtics se impusieron 122-121 en un encuentro que se les fue complicando y en el que los Bucks hicieron casi de todo para remontar aunque finalmente no lo lograran por el hecho antes comentado. Los Jays, Tatum (33) y Brown (30), y dos debutantes con la céltica como Jeff Teague (19 puntos) y Tristan Thompson (12 puntos), fueron los más destacados de un equipo que llegó más lejos que los Bucks en la burbuja de Florida y cuyo tiempo para ser decisivo en el Este con la estructura que nos tiene acostumbrados va tocando a su fin. Éste era un duelo de calidad en la conferencia y se demostró, tanto que se resolvió en el último segundo

Comenzaron algo mejor los visitantes. Donte DiVincenzo pactó la renovación con el equipo y se veía extramotivado, dejando algunas acciones de confianza en los primeros compases. Alguna acción suelta de Brook Lopez y Jrue Holiday, nuevo hombre-pegamento de Mike Budenholzer, y todo Anteto. El griego quiso dominar en las dos áreas desde el principio y lo consiguió, poniendo a su equipo en ventajas cercanas a los diez puntos. Mediado el segundo acto, +9 (39-48) tras una bandeja de Holiday. Estaban yendo bien al contraataque y haciendo sufrir a la defensa de Stevens en las transiciones y cuando el juego pasaba por la pintura, pero los locales despertaron. Y vaya si lo hicieron. Parcial abusivo no sólo para acercarse sino para cerrar la primera parte por delante. Tres acciones casi seguidas de Jaylen Brown, dos al triple y una de pura fuerza en la penetración, doblegaban a los Bucks en su intento de seguir liderando. 64-59, el resultado al descanso. 

Los Celtics necesitaban puntos fáciles y Teague les estaba dando algo que Smart, el que actuaba como base titular, no podía ofrecerles. Éste último acabó con 0/3 en tiros en 38 minutos. Ése fue el impulso de los de Boston, que en el tercer cuarto tuvieron sus mejores minutos. Con Teague y tras un pequeño estirón dado por él en segunda instancia, contando también el del segundo cuarto, los Celtics eran los que no ya rozaban sino superaban la psicológica barrera de los diez de ventaja. Tatum fue el que, con un triple y un tiro de media distancia de mucha calidad, ponían la distancia ya en catorce (98-84, minuto 35).

El partido se iba a rehacer en sólo ocho minutos. A cuatro del final ya estaban empatados. Un palmeo de Lopez puso el 113-113. A remar otra vez. La labor muda, y no para variar, de un Khris Middleton que se quedó en 27 puntos, 14 rebotes y 8 asistencias había encajado bien con un Giannis que se atrevió con dos triples en llegada desde el flanco izquierdo. Estilos distintos, efectividad para intentar llevarse el enfrentamiento. El momento de los importantes tuvo a Jayson Tatum como cabeza de cartel, siendo el que forzó los puntos para los Celtics y el que respondió con un triple a tablero a falta de seis segundos a otro anterior de Holiday con el que los Bucks quisieron soñar. Ese último tiro, una carambola, llevó a los Bucks a jugarse el ataque final con un alley-oop en el saque de banda porque sólo restaban cuatro décimas. Los árbitros señalaron falta personal en el forcejeo entre Thompson y Antetokounmpo y el segundo visitó el que para él es el potro de la tortura, algo que quedó a la vista de todos cuando falló el segundo lanzamiento y el partido expiró con un golpe para la autoestima del MVP.