Embiid se impone al triple-doble de Westbrook

Problemas y soluciones en Washington. El equipo dirigido por Scott Brooks no pudo con el de ‘Doc’ Rivers, que se estrenó con victoria en Philadelphia, pero espantó parte de los fantasmas que rodeaban uno de los traspasos más comentados del mercado: el intercambio entre Russell Wstbrook y John Wall. Un simple truque de cromos para algunos, un movimiento en el que todo el mundo perdía para otros… El tiempo dirá, pero, de momento, parece haber entendimiento entre Westbrook y Bradley Beal. Y eso, a estas alturas de la temporada, y más allá de victorias o derrotas, es la mejor noticia posible para los Wizards.

El encuentro arrancó disputado. Igualdad máxima en un primer cuarto en el que se vio a Westbrook con ganas de demostrar. Aunque tampoco extramotivado, algo que suele ser un problema en su caso. Penetraciones, puntos desde la media distancia, rebotes… Russell sacó a relucir buena parte de su repertorio, a modo de carta de presentación para todos los incrédulos. Y conectó bien con Bradley Beal (que se fue hasta los 31 puntos), jugador franquicia y con quien deberá compartir los focos este año. Primer acto notable, pero insuficiente (26-30 para Philalephia). Un adelanto de lo que terminaría siendo el partido para los de Washington.

Russell y Bradley disfrutaban. En algunos momentos, Deni Advija, número 9 del draft y una de los proyectos más prometedores del baloncesto europeo (terminó el partido con 7 puntos y 4 rebotes), se sumaba a la fiesta. Fueron felices en la ignorancia. Los Sixers, durante los primeros tres cuartos, recordaron a los de la temporada pasada, aquellos que decepcionaron, cayeron en primera ronda de playoffs y pusieron sobre la mesa la opción de una reconstrucción total. Pocas ideas en ataque y aún menos acierto exterior. Seth Curry, que ha llegado para poner remedio al asunto, terminó con un pobre 1 de 5 desde la línea de tres. En el tercer compás, los de Rivers acumularon hasta seis minutos sin anotar. Tobias Harris sumaba una actuación más pare el olvido (3 de 13 en tiros de campo y 0 de 4 en triples). Todo parecía abocado al desastre, a la misma historia de siempre; hasta que Embiid impuso su ley.

Todo lo que Washington estaba haciendo bien se diluyó en el último cuarto, que terminaría con un parcial de 40-23. Joel Embiid se puso en modo abusón, y cuando a un jugador de su talla y capacidades le da por ahí, poco se puede hacer. De dentro hacia fuera. Embiid para Korkmaz y tres puntos para iniciar la remontada (83-76). Ahí es donde debe crecer el equipo de Rivers con sus nuevas piezas. 13 de los siguientes 15 puntos de los de ‘Doc’ serían para el pívot camerunés, imparable en la pintura y objeto de falta constante. Poco más podía hacer el pobre juego interior de los Wizards ante una fuerza de la naturaleza desatada. Ben Simmons, que terminó el partido en 16 puntos, 9 rebotes y 7 asistencias, le acompañó más que decentemente en la hazaña; aunque su relación en el campo sigue dejando dudas. Shake Milton, con 19 puntos y mucha frescura en ataque (seguramente, la que les faltó sin él en pista), completaría los argumentos con los que Philadelphia le terminaría aguando la fiesta a Westbrook, que seguiría sumando en todos los apartados estadísticos hasta llegar al triple-doble (21 puntos, 11 rebotes y 15 asistencias).

A poco más de un minuto del final, llegaría la canasta decisiva. Embiid en todo su esplendor. El colofón a su exhibición (29 puntos y 14 rebotes). Recibió, se creó el espacio con su cuerpo y se acercó al aro, donde más le gusta bailar. 103-105 y estocada definitiva. Un doble-doble para la victoria; un triple-doble para la esperanza. 

Luka Doncic revive su pasado en Phoenix: derrota inicial de Dallas

Hace dos años Luka Doncic debutó en la NBA. Lo hizo en Phoenix. Sensaciones extrañas las de aquel partido, se le vio perdido en comparación a lo que venía haciendo en el Real Madrid. Dos años después muchas cosas han cambiado, sobre todo la percepción que tiene de él en Estados Unidos: a los Suns no se les hubiera pasado por la cabeza pasar de él si se les presenta como hoy, el día del déjà vu. Dos temporadas en las que el esloveno ganó el Novato del Año y se ha puesto a nivel de MVP. Dos temporadas han transcurrido y se quedan ya en su palmarés. En este 2020/21 Doncic ha vuelto a revivir aquel partido. El primer encuentro de los Mavericks en esta campaña ha sido allí, en el renombrado PHX Arena y con algo de parecido también en el desarrollo del mismo. 

Los Mavs sucumbieron por 106-102. No encontraron la manera de reponerse a una mala primera parte en la segunda pese a los esfuerzos de un Luka Doncic que, acabando con 32 puntos y como máximo encestador del encuentro, volvió a quejarse al acabar de sus elecciones en los lanzamientos (0/6 en triples). Los Suns, que estuvieron perfectos en la burbuja pero no accedieron a los playoffs. Por tanto, aunque sea un ejercicio circense al que habría que ponerle un asterisco, los de Arizona llevan sin perder desde marzo. 

Los texanos estuvieron inconsistentes durante toda la jornada. Con Doncic jugando a un ritmo bajo y sabiendo llevar a Chris Paul, el flamante fichaje de Phoenix para esta temporada, los ataques estáticos estaban bien equilibrados. Igualdad notable. Vimos alguna jugada diseñada para Ayton, que se tiene que poner a ser referencia interior en la NBA a la de ya, y acierto de Bridges (17 puntos) y Johnson (15 puntos).

Doncic no estaba muy acertado en los tiros y aun así le daba para llegar fácil a la veintena. Esto quiere decir que ningún otro compañero le auxilió con maestría. Jalen Brunson siempre está muy correcto y Josh Richardson lo intentó como pudo, pero nada más. La diferencia en el marcador, ocho puntos (53-45), al descanso era un tanto ficticia porque los Suns también parecían inconstantes. 

Después de que Doncic expusiera las debilidades defensivas de Ayton, el jefe de su camada, llegaron las dudas a Rick Carlisle. ¿Cómo es posible que se defienda bien a Paul, uno de los mejores bases de la historia, y se te atragante Payne, uno de los que lleva años en la rampa de salida de la Liga? Pues así fue. Cameron Payne (11 puntos) dio el impulso que los Suns necesitaban para distanciarse en el tercer periodo, no sólo anotando sino moviendo al equipo y dejando espacio para que Devin Booker (22 puntos) pudiera terminar jugadas con tranquilidad. El invitado no esperado de este encuentro fue el director de juego suplente de Williams. 

La diferencia en el marcador subió a los diez al empezar el último periodo y los Mavericks sólo reaccionaban de la mano de un solo Doncic. Toma ésa, RAE. Se demostró la excesiva dependencia que tienen del astro europeo en los instantes finales: cuatro de las seis últimas jugadas fueron acabadas por Doncic, con canasta en tres de ellas. Es lo que mantuvo la intriga hasta el final, ya que a falta de dos minutos el partido estaba 100-100. A Booker le tembló la mano en dos tiros libres, pero no en el lanzamiento que abrió la brecha definitiva. A repensar la estrategia los Mavericks, que no dejan de ser aspirantes a todo en esta temporada, si quieren que partidos ante rivales directos se escapen así.

Towns y Beasley lideran a los Wolves en una dura remontada

Los nuevos Wolves de Ryan Saunders son uno de esos equipos que apetecen. De los que despiertan hype e ilusionan. Seguramente, aupados por la llegada de jugadores como el número uno del pasado draft, Anthony Edwards (con 15 puntos y 4 asistencias para empezar), y por la necesidad de que se produzca ya un cambio de tendencia (son la franquicia de la NBA con el peor récord agregado desde 2007). Frente a Detroit, han iniciado ese camino, que será largo y laborioso. Victoria por 101 a 111 en un encuentro en el que tocó remar a contracorriente (muy a contracorriente) y en el que Ricky Rubio, titular con 3 puntos y 3 asistencias en 25 minutos, y Juancho Hernangómez, 3 rebotes en 11 minutos, pasaron de puntillas. 

La primera ventaja para el equipo de Tennessee no llegaría hasta 3:38 minutos del final. Imagínense. Día de arrimar el hombre y de no dejar de confiar. Para empezar, parcial del 8-0 y muchas dudas en defensa. El número 7 del pasado draft, Killian Hayes, no terminó el partido con grandes registros (7 puntos y 3 asistencias), pero sí lo empezó organizando y contemporizando, como si de un veterano se tratara. Tiene donde fijarse: un eléctrico Derrick Rose, con 15 puntos y 6 asistencias, también consiguió imponer su ritmo cuando saltó a la pista. El primer signo de rebeldía lo firmaría Towns, que, a pesar del infierno que ha vivido durante la pandemia y que, afirmó, le acompañará durante toda la temporada, terminó siendo el más destacado de los suyos (22 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias). Penetración por el carril central y mate a una mano. Lleno de potencia y, sobre todo, de rabia. En la siguiente jugada, triple para poner el 14-9 y desquitarse de las dudas iniciales. Aunque se negarían a huir. Tocaría seguir remando hasta el final.

Pistons 57 – Timberwolves 56 para terminar la primera mitad. Buenas noticias para los de Minnesota, malas para los de Detroit, que desperdiciaban así varias ventajas de más de 10 puntos. Peores llegarían, en ambos sentidos. Segundo minuto del tercer cuarto, Beasley ve solo a Towns, que se saca de la chistera el pase extra y deja aún en mejor posición a D’Angelo Russell, que no falla desde la larga distancia. Su amistad fuera de las pistas se transforma en química dentro de ellas. Empate en el marcador y reacción de los de Míchigan. Siete puntos y una asistencia de Hayes para parcial de doce y 73-61 en el electrónico. Vuelta a las andadas.

En medio de todo, pocos minutos en pista para Juancho, del que se espera un papel importante en el equipo (sobre todo, después de sus números en la franquicia la temporada pasada: 14 partidos, 14 titularidades, 12,9 puntos por partido, 7,3 rebotes y un 42 % de acierto en el triple); y partido discreto de Ricky, que no destacaría en su aportación estadística, pero sí que tendría incidencia en el partido. A cinco minutos del final, recuperación del de El Masnou y balón para Beasley con toda la pista libre para correr. Canasta y, otra vez, tablas en el marcador; aunque todavía no para revertirlo. Ese trabajo le correspondería a Towns, un par de jugadas después. Triple y 97-98; ahora sí, primera vez por delante en el electrónico. Nuevamente, tras asistencia de Ricky. Veteranía para los momentos claves, ahí es donde más puede aportar en este equipo y, seguramente, donde más le van a necesitar.

A partir de ahí, toma y daca. 97-98, 101-100 y 101-103 para despegar definitivamente. De la mano de Beasley, Russell, Towns y Okogie. El primero, 23 puntos y 4 rebotes; el segundo, 18 puntos y 4 asistencias. Juventud e ilusión catapultadas por la veteranía. Ese puede ser su sendero. 

Jokic, ángel y diablo para Denver: 29+15+14 y una pérdida decisiva

Los Nuggets comienzan con traspié la nueva temporada. En la anterior demostraron que habían dado un paseo hacia delante y que podían dar el definitivo en la Conferencia Oeste. Perder en la apertura de temporada con un equipo tan peculiar como los Kings no es exactamente un inicio halagüeño. 122-124 cayeron, hizo falta una prórroga para doblegarles. Sobre todo no da tanta esperanza viendo el juego practicado, que dejó a más de un aficionado con desprendimiento de retina. Mucho trabajo por delante para los de Mike Malone, sobre todo en defensa. 

Sin sorpresas en la alineación de los Nuggets, que era una de las variantes a observar. Con las salidas de Grant y Craig el puesto de alero va a ser para Michael Porter, con mucho que demostrar después de su buen papel en los encuentros de la pasada campaña. Monte Morris fue el elegido por el técnico de Denver en segundo lugar y Facu Campazzo debutó pero con sólo ocho minutos de presencia en la cancha, algo que el también novato R.J. Hampton ni siquiera pudo decir. 

Los locales empezaron mejor el encuentro. Jokic como distribuidor y finalizador según mejor viniera y un Millsap versátil al lado ayudaron a que los Nuggets fueran por delante durante los primeros compases. Diferencias cortas. El partido estaba muy vivo, no había tiempo ni para pensar en qué es lo que significa defender, y la alternancia en el marcador llegaría a partir de la segunda manga. La salida de Will Barton dio puntos fáciles a Denver, pero Cory Joseph estuvo acertado de cara al aro y curtiendo al novato Tyrese Haliburton a su lado. Fox era el que imprimía un ritmo más alto cuando estaba y lo que llevaría a los Kings a darle la vuelta a la tortilla cuando empezó la segunda parte. 

Campazzo puso sus primeros puntos gracias a un triple desde la esquina derecha. Sería su única aportación en el ataque de su equipo, no le dieron más cancha. Porter tenía jugadas de las de acabar solo, Jokic se la podía cocinar y luego comer, Murray estuvo tremendamente errático en las dos partes de la pista… Pasto para que Harrison Barnes, sospechoso habitual a la hora de liderar sobre el papel pero no en juego, fuera sumando cual hormiga y fuera haciéndole más difícil el partido a los del estado de Colorado. 

El buen dentro-fuera de Bjelica, la pelea de Bagley y el acierto de Buddy Hield, sobre todo con dos triples casi consecutivos, ponían a 100 a los Kings, sacando ya ocho puntos de ventaja, en el inicio del último periodo del tiempo reglamentario. Murray y Porter lograban recortar mediada esa última manga. Cuando más apretaba el tiempo, a falta de tres, y con la remontada sin concretarse, balones a Jokic. El serbio acabaría con 29 puntos, 15 rebotes y 14 asistencias, aunque recordará este partido y no por lo bueno. Los 48 minutos expiraron con un 112-112 en el electrónico que mandaba el encuentro al tiempo extra. 

Los instantes finales del cuarto cuarto ya habían sido un continuo de errores y jugadas mal construidas, presos de la presión, pero la prórroga también tuvo una buena ración. Malone se la jugó con Barton, que aportó dos acciones positivas en ataque. Porter puso el +4 y los nervios se trasladaban al equipo californiano. Hields y Barnes apretaron el marcador. Una mala defensa dejó solo a Barton para que sentenciara, pero se relajó y llegó Fox con las rebajas. Barnes, de nuevo, sumando en ataque. Al final también lo haría en defensa. La última jugada era un saque de banda a falta de 6,5 segundos para el término de la prórroga, se la pasaron a Jokic y éste perdió el balón tras un toque del mencionado Barnes, que quiso acabar con un matazo, el balón rebotó en el aro y Hield, que siguió bien el contraataque, acertó con el palmeo y le dio la victoria a su equipo sobre la bocina. Partido loco.

Un tiro libre de Antetokounmpo decide a favor de los Celtics

Los renovados Bucks, los de un Giannis Antetokounmpo ya dispuesto a tener un futuro a larguísimo plazo con la franquicia al renovar cinco años más, repiten viejos errores. Se ha cargado de buenos jugadores en el mercado para contentar a su megaestrella e intentar mejorar la imagen de las últimas dos temporadas, donde no han hecho gala del favoritismo y se han ido por la puerta de atrás de los partidos decisivos. En la nueva temporada les tocaba estrenarse en el TD Garden de Boston y el resultado es uno de esos que ya se han visto otras veces

Como si fuéramos Bill Murray en Groundhog Day, como si esto fuera el Día de la Marmota, ya hemos visto este tipo de fallos antes. Antetokounmpo ya ha sido carne de meme en ocasiones anteriores por sus errores estrepitosos en los tiros libres, donde siempre ha demostrado que su fuerte no son los lanzamientos. En esta ocasión ha sido algo más importante lo que ha hecho que esa imagen, la del griego sufriendo en la línea de personal, sea la que quede como jugada de relevancia para los Bucks: su tiro libre final era para empatar el partido, por lo que su fallo es lo que dio el triunfo a su rival. 

Los Celtics se impusieron 122-121 en un encuentro que se les fue complicando y en el que los Bucks hicieron casi de todo para remontar aunque finalmente no lo lograran por el hecho antes comentado. Los Jays, Tatum (33) y Brown (30), y dos debutantes con la céltica como Jeff Teague (19 puntos) y Tristan Thompson (12 puntos), fueron los más destacados de un equipo que llegó más lejos que los Bucks en la burbuja de Florida y cuyo tiempo para ser decisivo en el Este con la estructura que nos tiene acostumbrados va tocando a su fin. Éste era un duelo de calidad en la conferencia y se demostró, tanto que se resolvió en el último segundo

Comenzaron algo mejor los visitantes. Donte DiVincenzo pactó la renovación con el equipo y se veía extramotivado, dejando algunas acciones de confianza en los primeros compases. Alguna acción suelta de Brook Lopez y Jrue Holiday, nuevo hombre-pegamento de Mike Budenholzer, y todo Anteto. El griego quiso dominar en las dos áreas desde el principio y lo consiguió, poniendo a su equipo en ventajas cercanas a los diez puntos. Mediado el segundo acto, +9 (39-48) tras una bandeja de Holiday. Estaban yendo bien al contraataque y haciendo sufrir a la defensa de Stevens en las transiciones y cuando el juego pasaba por la pintura, pero los locales despertaron. Y vaya si lo hicieron. Parcial abusivo no sólo para acercarse sino para cerrar la primera parte por delante. Tres acciones casi seguidas de Jaylen Brown, dos al triple y una de pura fuerza en la penetración, doblegaban a los Bucks en su intento de seguir liderando. 64-59, el resultado al descanso. 

Los Celtics necesitaban puntos fáciles y Teague les estaba dando algo que Smart, el que actuaba como base titular, no podía ofrecerles. Éste último acabó con 0/3 en tiros en 38 minutos. Ése fue el impulso de los de Boston, que en el tercer cuarto tuvieron sus mejores minutos. Con Teague y tras un pequeño estirón dado por él en segunda instancia, contando también el del segundo cuarto, los Celtics eran los que no ya rozaban sino superaban la psicológica barrera de los diez de ventaja. Tatum fue el que, con un triple y un tiro de media distancia de mucha calidad, ponían la distancia ya en catorce (98-84, minuto 35).

El partido se iba a rehacer en sólo ocho minutos. A cuatro del final ya estaban empatados. Un palmeo de Lopez puso el 113-113. A remar otra vez. La labor muda, y no para variar, de un Khris Middleton que se quedó en 27 puntos, 14 rebotes y 8 asistencias había encajado bien con un Giannis que se atrevió con dos triples en llegada desde el flanco izquierdo. Estilos distintos, efectividad para intentar llevarse el enfrentamiento. El momento de los importantes tuvo a Jayson Tatum como cabeza de cartel, siendo el que forzó los puntos para los Celtics y el que respondió con un triple a tablero a falta de seis segundos a otro anterior de Holiday con el que los Bucks quisieron soñar. Ese último tiro, una carambola, llevó a los Bucks a jugarse el ataque final con un alley-oop en el saque de banda porque sólo restaban cuatro décimas. Los árbitros señalaron falta personal en el forcejeo entre Thompson y Antetokounmpo y el segundo visitó el que para él es el potro de la tortura, algo que quedó a la vista de todos cuando falló el segundo lanzamiento y el partido expiró con un golpe para la autoestima del MVP.

El Rockets-Thunder, primer partido aplazado por coronavirus

La NBA comenzó ayer y ha tardado un solo día en aplazar su primer encuentro por coronavirus. Lejos de la burbuja que tan bien funcionó se está demostrando desde casi el minuto uno que esta temporada va a ser muy complicada. Exactamente igual que está ocurriendo en otras partes del mundo, en el baloncesto y en otros deportes.

Durante todo el día se venía especulando con la posibilidad de la cancelación del Houston Rockets-Oklahoma City Thunder que debía disputarse a las 02:00 de la madrugada hora española, después de hacerse públicos varios resultados positivos o inconclusos en la plantilla de los Rockets. Los nombres que salieron a la palestra fueron los de John Wall y DeMarcus Cousins, además de “varios” jugadores más, aunque no se especificaba quién era positivo y quien había dado un resultado poco clarificador en los test. Finalmente, la situación era más complicada y eran muchos los jugadores que no podían estar hoy sobre la pista, como explicaba la propia NBA en el comunicado en el que informaba de la cancelación del encuentro.

“El partido entre los Houston Rockets y los Oklahoma City Thunder en el Toyota Center programado para hoy ha sido pospuesto según los protocolos de seguridad y salud de la liga. Tres jugadores de los Rockets han ofrecido resultados positivos o no concluyentes en los test de coronavirus. Además, según los protocolos de contacto, otros cuatro jugadores están en cuarentena en este momento. Adicionalmente, James Harden no podía ser convocado por violar el protocolo de salud y seguridad. El resto de jugadores de los Rockets se ha vuelto a hacer test hoy y todos han dado negativo. Houston tenía un jugador más fuera por lesión. Como resultado, los Rockets no podían contar con los ocho jugadores necesarios según las reglas para jugar el partido de esta noche ante los Thunder”.

En total son nueve jugadores a los que se hace mención en este comunicado ofrecido dos horas y media antes del inicio del encuentro. El caso más llamativo es el de James Harden, sobre el que pende una investigación de la NBA en colaboración con la franquicia texana por un vídeo en el que se ve al jugador en un club de striptease, rodeado de gente y sin mascarilla. La liga está tratando de averiguar si las imágenes que se ven son de esta semana, tal y como se afirmaba cuando se hicieron públicas. De ser así, el escolta habría incumplido la regla de la NBA que impide a los jugadores acudir a establecimientos de ocio en los que haya más de 15 personas. Eso por no hablar de la falta de mascarilla y distancia de seguridad que se observan en el vídeo.

El año de la bestia: nadie puede con Zion Williamson

Todos los focos apuntaban a Zion. Y desde mucho antes de que pusiera un pie en la mejor liga del mundo. Siendo aún un adolescente, los vídeos de sus mates acumulaban millones de visitas en redes sociales. En ellos, se veía a un chico de capacidades atléticas extraordinarias, aunque no excesivamente alto (en beneficio de la espectacularidad), hundiendo aros sin cesar. Despertó las mayores expectativas en la NBA desde la llegada de LeBron. Y al Rey no se le compara con cualquiera. “Creía que LeBron era único, pero creo que él es el siguiente en llegar”, llegó a decir Steve Kerr. Hasta el propio jugador de los Lakers bendijo a su supuesto sucesor: “La velocidad y la rapidez con que se mueve en ese tamaño es impresionante”, declaró tras verle jugar por primera vez, aún en la universidad.

Si Zion respiraba excesivamente fuerte, podía provocar un huracán en cualquier otra parte del mundo. Se rompieron sus zapatillas Nike, se lesionó y, al momento, las acciones de la marca sufrieron un duro golpe en Wall Street: 1.100 millones de dólares en pérdidas. Todavía era universitario y ya no sólo decidía partidos, su figura trascendía las pistas. Dentro de ellas, tampoco se le daba mal. Terminó su primera etapa en el instituto con 36.8 puntos y 13 rebotes por partido, su segunda con 36.4 puntos y 11.4 rebotes y, tras su paso por la NCAA, dejó registrados más de 700 puntos, más de 60 robos y más de 50 tapones; unos números que sólo habían alcanzado Kevin Durant y Anthony Davis.

Tras ser elegido como número uno del Draft por los New Orleans Pelicans, la cuenta atrás hasta el inicio de la competición tomó una nueva dimensión: también era la cuenta atrás hasta el debut de Zion Williamson. Y, entonces, Murphy hizo lo suyo. Zion se mostró exultante en pretemporada, en sus primeros tres partidos promedió 23.7 puntos y 5.3 rebotes con un 71.1 % en tiros de campo. Estaba siendo la mejor preseason de los últimos tiempos para un rookie (mejor que la de Lillard, Anthony Davies, Antetokounmpo o Doncic), pero llegó la lesión. Y, con ella, el debate sobre su peso que aún le acompaña a día de hoy.

“Con 129 kilos, no podrá jugar mucho”

Minuto nueve del primer cuarto entre San Antonio y New Orleans. Lonzo Ball tira un pase bombeado hacia la pintura (uno de tantos que terminaría dando esta sociedad) y Zion lo recoge, se da la vuelta y, a una mano, asiste a Brandon Ingram, que anota. El Smoothie King Center enloquece. Cinco meses después, Zion Williamson es una realidad en la NBA.

El debut de Zion en la mejor liga del mundo fue un anticipo de todo lo que vendría después. Muchos récords, pero menos minutos de los deseados. Esa noche, anotaría cuatro de cuatro en triples, algo que nadie había conseguido en su debut, y establecería una nueva marca de anotación, con menos de 20 minutos jugados, en un primer partido. Terminó la noche con 22 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias, pero sin disputar los minutos finales, los que no se quiere perder ninguna estrella. Williamson se removía en el banquillo, pero Alvin Gentry permanecía imperturbable. Los Pelicans terminaron perdiendo el partido sin Zion en la pista. Quedaba claro que el cuidado del jugador estaba por encima del equipo. El Plan Zion quedaba inaugurado y ya nada, ni nadie, podría pararlo.

Partido tras partido, iría acumulando marcas de precocidad que le llevaron a compartir titulares con Shaquille O’Neal, Mutombo, Michael Jordan o LeBron James. Justamente contra este último, ante los ojos de su hipotética suerte, tendría una de las actuaciones más destacadas de la temporada con 7 rebotes y 35 puntos, su mejor marca hasta el día de hoy. De fondo, seguiría ese runrún sobre sus características físicas. “No creo que Zion pueda jugar durante largos periodos de tiempo si sigue en 129 kilos. Necesita un entrenador personal que le diga cuál es su peso ideal“, llegó a decir el histórico jugador de Philadephia, Suns y Rockets, Charles Barkley. Apodado como El Gordo, también tuvo que lidiar con la adecuación de su fisionomía a este deporte. Lo cierto es que la dosificación de Zion continuó y alcanzó su máximo exponente en la burbuja de Orlando.

Como si el destino nos quisiera privar de él, su debut en Disney también se retrasó. Tras abandonar la burbuja por motivos familiares, tuvo que cumplir la correspondiente cuarentena, que demoró su aparición. Para el primer partido oficial, frente a Utah, ya estaba, pero de aquella manera. El destino había encontrado en Gentry su mejor aliado. No por voluntad propia, pero así fue. El entrenador de los Pelicans sólo le colocó sobre el parqué durante 15 minutos. En el siguiente partido, frente a los Clippers, duraría un minuto menos. En total, 20.6 minutos de media para 18.4 puntos por partido y 4.2 rebotes. Insuficiente para Zion e insuficiente para los Pelicans, que abandonarían Orlando sin llegar a Playoffs y con sólo una victoria, frente a Memphis.

Zion desencadenado

Ahora, Alvin Gentry ya es historia en New Orleans. Y, al parecer, con él se han ido las cadenas que amarraban a Zion. Seguramente, más por correlación que por casualidad, todo sea dicho. “Hemos estado hablando el entrenador y yo sobre el tema y, por lo que sé hasta ahora, no hay ninguna restricción”, comentó Zion antes de iniciar los partidos de pretemporada. Después de hacerlo, se ratifica. En el primer partido de preparación, contra el finalista de la pasada campaña, Miami, Zion disputó 33 minutos, en los que anotó 26 puntos y capturó 11 rebotes, todo ello con un 61.5% en tiros de campo. En el segundo, contra los temibles Bucks, aún mejor: 34 minutos para 31 puntos, 9 rebotes y mantener invictos a los Pelicans en pretemporada. Stan Van Gundy ha desencadenado a Zion de igual forma que Christoph Waltz desencadenó a Django; y ya sabemos qué vino después. Zion sin ataduras puede ser dinamita para los Playoffs del complicado Oeste.

El ala-pívot ha reaparecido, aparentemente, con un volumen menor. Después de la burbuja, de hecho, empezó a trabajar específicamente con su cuerpo. Pero, sobre todo, ha reaparecido feliz con lo que está viendo en estos primeros compases de la temporada: “Me encanta. Así es como se entrena, como en la vieja escuela. Siempre está encima, esperando que hagas algo más, nunca satisfecho. Ir a entrenar cada día pensando siempre en mejorar”, ha declarado sobre su nuevo entrenador. Pero no ha sido el único para el que ha tenido buenas palabras: “Steven es fuerte. Pensaba que yo era fuerte, pero verle cerca, en el mismo equipo… Es una locura”, ha confesado sobre su nuevo compañero Steven Adams, que llega desde Oklahoma con seis Playoffs a sus espaldas.

Con ellos, Zion se frota las manos. La temporada pasada, New Orleans terminó en la 21ª posición en cuanto a rating defensivo. Muy lejos de los valores necesarios para estar entre los mejores. Van Gundy ha llegado con los deberes hechos y, justamente, en la propia mitad de cancha es donde está focalizando la preparación del equipo: “Defensa, defensa y más defensa”, ha utilizado Williamson para definir la pretemporada de los Pelicans. Además de Adams, desde los Bucks ha llegado Erik Bledsoe, que lleva dos temporadas siendo NBA All-Defensive player. Con ellos en pista, Williamson reducirá sus responsabilidades defensivas, aunque sin olvidarlas: “Haré todo lo que el equipo necesite que haga en defensa y en ataque, todo lo que sea para ganar. Solo soy un competidor“, ha afirmado al respecto. Con Adams al lado, su número de rebotes por partido se puede disparar. El jugador neozelandés es uno de los jugadores de la liga que mejor ocupa, y protege, los espacios en la pintura, con lo que Zion se va a encontrar la pista totalmente despejada para iniciar sus vuelos. En la canasta contraria, los Pelicans, con Zion y Adams, han juntado a dos jugadores que, durante la temporada pasada, anotaron el 93% y el 96% de sus puntos, respectivamente, en la pintura. Mucho potencial para ser uno de los equipos dominadores bajo el aro. El curso pasado, la franquicia de New Orleans recibió el 36,1% de los tiros desde la pintura, la segunda tasa más alta de la NBA, este año difícilmente se repetirá.

Zion Williamson es un jugador moderno. Y dinámico, muy dinámico. Desde el instituto, siempre ha impresionado por todo lo que es capaz de hacer mientras arrastra sus casi 130 kilos. Y, sobre todo, por la forma en que lo hace. En Stan Van Gundy ha encontrado un entrenador hecho a su (gran) medida. Con Adams en el equipo, lo normal sería que jugara la mayor pare de los minutos como ala-pívot, su posición natural y en la que la temporada pasada acumuló el 92% de su tiempo en pista; pero con Stan las posibilidades se abren. No sería extraño ver minutos de small ball con Zion de pívot o, incluso, todo lo contrario, un quinteto de envergadura con Williamson de alero. Esta última es una posibilidad que ha ido tomando mucha fuerza. “La gente, creo, lo ve injustamente como un jugador grande limitado a ser un cuatro o un cinco. Cuando seleccionamos a Zion, lo que más nos entusiasmó fue la naturaleza de su juego, que no entiende de posiciones. Así que realmente imaginamos un momento en el que Zion jugará de tres y defenderá al tres. Él estará en la sala de máquinas y Stevens en la pintura“, afirmó recientemente David Griffin, vicepresidente ejecutivo de la franquicia. Esta posibilidad abriría nuevas dimensiones. Zion sufriría menos en la ocupación de los espacios (el año pasado, se le vio desorientado a la hora de realizar las coberturas en el pick and roll) y no tendría rejas para correr a campo abierto. Con Bledsoe de base, correr se va a correr, y mucho. No todo serían ventajas, obviamente. Ver al jugador de los Pelicans defendiendo durante grandes periodos de tiempo a Paul Geogre, Kawhi Leonard, LeBron James o Duncan Robinson, cuesta; pero el nuevo universo de posibilidades es innegable.

En todo caso, significaría una nueva dosis de libertad para Zion. Una cadena menos. Libre albedrío para un jugador que, ahora mismo, nadie puede contener y que esta madrugada (1:30 hora peninsular), frente a Toronto, iniciará el que puede ser su primer gran año en la mejor liga del mundo. Una bestia anda suelta en la NBA.

La NBA puede sancionar a Harden por ir al club de striptease

Si la pretemporada de James Harden ha sido movida, el inicio de temporada lo puede ser aún más. El escolta está tensando la cuerda hasta el extremo para conseguir que su equipo le traspase y, aunque los Houston Rockets ya están en conversaciones con otras franquicias, el jugador parece seguir con su estrategia de ir por su cuenta. La última ha sido un nuevo vídeo en un club de striptease, similar al que apareció a principios de mes, en el que se ve a Harden rodeado de gente, sin mascarilla y que supuestamente se habría grabado en las últimas horas.

Ahí está el quid de la cuestión, porque de ser así es muy probable que Harden no pueda debutar esta noche con los Rockets en el partido inaugural de su equipo. Habría violado las normas de la liga para la prevención contra el coronavirus, que dicen que los jugadores no pueden acudir a bares, discotecas, clubs nocturnos, etc. en los que haya más de quince personas. La NBA está investigando junto a los Rockets si ese vídeo es efectivamente de las últimas horas y, en caso afirmativo, no dejarían participar al jugador en el encuentro que mide a los texanos con los Thunder a partir de las 02:00 de esta madrugada.

Esta no es la primera vez que aparece un vídeo de Harden en una fiesta privada en la que hay más gente de la cuenta y en la que está sin mascarilla y sin mantener la distancia de seguridad. De hecho, el escolta comenzó la pretemporada seis días más tarde que sus compañeros después de que apareciesen imágenes suyas en la fiesta de cumpleaños de un rapero y también en un striptease. Cuando por fin se puso a entrenar, su actitud distó mucho de ser la correcta, enfrentándose a varios compañeros. Y cuando finalmente todos pudimos verle en uno de los encuentros amistosos de los Rockets, su forma física llamó la atención por presentarse con bastantes kilos de más.

Los Clippers se llevan otro derbi con George silenciando la crítica

Los Clippers se impusieron en el pato fuerte de la jornada inaugural de la temporada 2020/21 de la NBA. El duelo estaba servido de la misma forma que la anterior campaña, con un derbi de Los Ángeles para abrir el apetito de un año que se presume frenético. El aliciente era, en esta ocasión, que los de púrpura y oro defienden el título que ganaron el pasado mes de octubre en la histórica burbuja de Florida. Mucho han cambiado las cosas y mucho lo hicieron ya en la 2019/20, pero el resultado fue el mismo: los Clippers se llevaron el partido. 

No pocas eran, igualmente, las incógnitas y los puntos calientes. Debutaban los españoles Marc Gasol y Serge Ibaka, uno con menos acierto que el otro, llegaba Dennis Schröder como titular y, sobre todo, Montrezl Harrell probaba las mieles de los Lakers tras jugar en los Clippers hasta hace escasas semanas. Morbo y un enfrentamiento en el que el público, no presente en el Staples Center, hubiera jugado un bonito papel en un mundo de color de rosa que, desgraciadamente, dista mucho de lo que es este olvidable 2020.

Los vaivenes de la primera mitad llevaron a una segunda en la que la balanza se equilibraba. parecía que iba a haber partidazo hasta el final. Pero Paul George no lo quería, prefirió reivindicarse frente a las numerosas críticas que ha recibido desde que acabó la pasada campaña y que le han puesto como un verdadero problema para los Clippers dentro y fuera de la pista. En el parqué es donde se demuestran los hechos si eres jugador de baloncesto y él se cargó este encuentro con una racha imparable a la que el mismo LeBron James se tuvo que rendir. Una buena forma de iniciar otro año en que esta rivalidad estará a la orden del día. 

De salida, estreno espectacular de Ibaka. El hispanocongoleño le cogió el aire de nuevo a Kawhi, con el que ya compartió equipo en Toronto, y castigó a Marc, que se cargó rápido con dos faltas. Los Lakers no acertaban a meterla, con ocho puntos en medio cuarto, y empezaban a perder fuelle. En el cuadro de Lue las fuentes eran varias, no sólo Ibaka. Zubac, Williams, Leonard, Beverley. George, no mucho. Y el que parecía que se sentía pequeño era Luke Kennard. No echaron mucho de menos a Marcus Morris, ausente en este compromiso, porque estaban ahogando al campeón minutos después de una emotiva celebración del título con la entrega de los anillos a los agraciados allí presentes. 

Veinte puntos le sacaba en una manga el visitante al local. 19-39. El roto era importante. Pero los Clippers se relajaron y el partido entró en un bache del que salieron mucho mejor los Lakers. En medio cuarto, 3/21 en tiros entre los dos conjuntos. Un dolor de muelas. Pero aparecía LeBron James por primera vez, se unía el utilitario Caldwell-Pope y un Dennis Schröder que hizo exactamente lo que mejor sabe hacer y los de Vogel le metieron un +18 a su rival como respuesta. El resultado al descanso era 54-56, un suspiro de los cortos. 

De los vestuarios se volvió con un acierto excelente. Parecía un partido de tenis, de los que dejan el cuello roto de tanto mirar a un lado y a otro con cierta agilidad. La peor parte, para un Marc Gasol que se iba con cinco faltas y ningún punto anotado. El de Barcelona, fuera de punto ante Ibaka y Zubac. Aparecieron casi todos en esos minutos de zozobra, con un Anthony Davis preparado para ser el que cambiara el encuentro. Pero no, ‘The Unibrow’ también se quedó atrás: Paul George fue el hombre. El escolta de los Clippers llevaba 7 puntos en la primera mitad y acabó con 33, siendo 15 de esos tantos en un tercer cuarto (10 en 2 minutos) en el que, sobre todo en la parte final, empezó a echar humo. LeBron James había empezado el periodo con dos triples, marcando terreno, y acabó desaparecido. 

Lo que tuvieron que hacer los Clippers a partir de ahí fue controlar la distancia. Ya se situaban rozando o tocando los diez, con posibilidad de que los Lakers reaccionaran. Los campeones se quedaron a medio gas y no apretaron lo suficiente como para asustar a los rivales. Un par de acciones de ratonero de Pat Beverley, siempre atento a los rechaces, más de George y la sentencia de Kawhi Leonard, que acabó con 26 puntos y buenos porcentajes pero en segunda fila, hicieron lo que faltaba. Los Clips empiezan de nuevo un camino a quién sabe dónde, con nuevo entrenador pero con optimismo. Y con el Paul George más reivindicativo que nos podíamos encontrar.