Candidatos a destronar a Neuer como mejor portero del mundo

La exhibición de Marc-André ter Stegen ante la Real Sociedad en la Supercopa de España o la de Alisson en Anfield ha abierto un amplio debate de quién es el mejor portero del mundo en este momento. Es un debate complicado y claramente abierto a la interpretación. Hay una terna amplia de guardametas merecedores de ese galardón. Cada uno tiene sus méritos y sus imperfecciones. Algunos generarán voces discordantes. También habrá ausencias sonadas. Lo normal es que cada aficionado tenga un nombre distinto en lo más alto de su lista. Casillas revolucionó las redes sociales cuando ejerció de encuestador y solicitó ayuda para elegir al mejor portero. Se le criticó que se dejara algunos nombres fuera.

La verdad de los hechos es que por números y títulos el mejor del mundo es Manuel Neuer. En el pasado 2020 no ha habido mejor portero que él. La Federación Internacional de Historia y Estadistica de Fútbol (IFFHS) eligió a Manuel Neuer como mejor portero del último año 2020. Jan Oblak fue el finalista. Su quinto galardón tras los cuatro entre 2013 y 2016 e igualando los cinco consecutivos de Iker Casillas (2008-2012). Además, el germano fue campeón de la Champions y de la Bundesliga. Por si fuera poco la misma IFFHS le acaba de elegir como mejor portero de la década (2011-2020) por delante de Buffon y Courtois. No hay que olvidar entre sus logros el Premio The Best que le considera como mejor portero del mundo en 2020 por la FIFA. Una unanimidad de galardones que no tiene el respaldo del público, que tiene otros preferidos.

Alisson Becker (Liverpool, 28 años)

El portero del Liverpool es el titular de la selección de Brasil. Campeón de la Champions en 2018. Es el segundo portero por el que se pagó el trapaso más caro (62,5€ a la Roma). Sobrio bajo palos, ha dado seguridad a la siempre cuestionada portería red. Mucha envergadura y muy ágil para ir a los balones por bajo. Estilo europeo de guardameta. Este domingo estuvo inmenso ante el United.

Thibaut Courtois (Real Madrid, 28 años)

El belga ha sido considerado, desde muy joven, un privilegiado para la portería. Cualidades no le faltan: una gran envergadura no reñida con una buena agilidad bajo los palos. Más que notable en el uno contra uno, aunque no es un consumado especialista, si que tapa mucha portería con sus casi dos metros de estatura y sus largos brazos. No duda en ir rápido abajo.

David de Gea (Manchester United, 30 años)

En ocasiones muy cuestionado, ya es leyenda del Manchester United. Intercambia paradas increíbles al alcance de muy pocos (este mismo fin de semana a Thiago), con errores infantiles. Muy valorado su propio estilo de sacar las piernas para evitar los goles, recordando a los porteros de balonmano. Es más de rechazar que de atajar. Se siento así más a gusto. El español siempre ha destacado por su magníficos reflejos. Parece que tapa poca portería pero posee un potente salto.

Gianluigi Donnarumma (Milan, 21 años)

Es el más joven de todos. Lo suyo siempre ha sido la precocidad y con 16 años ya estaba debutando en la Serie A. Y con 17 ya lo hacía en la seleccional nacional de Italia. Portero clásico italiano. Seguro y sobrio en el área pequeña, muy bueno en el juego aéreo y contundente a la hora de salir rápido a los delanteros. No es de los guardametas que le gusten salir fuera de su área.

Ederson de Moraes (Manchester City, 27 años)

A la sombra de su compatriota Alisson, el portero brasileño fue el elegido por Guardiola para defender su portería. Valiente, de grande reflejos y con personalidad para jugar con los pies. Su manera de entender el fútbol casa perfectamente con lo que pide el técnico español, ya que no tiene miedo a salir con frecuencia de su área. Lo de parar penaltis no se le da demasiado bien.

Hugo Lloris (Tottenham, 34 años)

El francés es campeón del mundo con Francia. Solamente Courtois le impidió ser el mejor del mundo para la IFFHS en 2018. Portero sobrio, siempre ha tenido que lidiar con una vitola de guardameta de calidad media cuando lo cierto que ha estado a gran nivel varias temporadas. Notable en todos los aspectos.

Keylor Navas (PSG, 34 años)

El costarricense defiende la portería del PSG. Ganador de tres Champions League consecutivas con el Real Madrid, y finalista el año pasado con el club francés, no estuvo seleccionado entre los candidatos al Premio The Best a mejor portero de 2020. Ágil, de reflejos felinos y capaz de hacer paradas imposibles. Ni en sus mejores momentos con el Real Madrid ha tenido la consideración pública que se merece por su labor bajo los palos. Siempre a contracorriente.

Manuel Neuer (Bayern Múnich, 34 años)

El portero más veterano de todos. Considerado por los especialistas, mejor portero de 2020. Desiganado mejor del mundo durante cinco ocasiones y ganador del Mundial en 2014. Desde su traspaso al Bayern Múnich en 2011, está en lo más alto. Pasó momentos difíciles por problemas en una mano pero regresó por sus fueros. Muy bueno en el uno contra uno, tapando mucha portería. Bien por alto y un seguro en el área pequeña. Completísimo portero.

Jan Oblak (Atlético de Madrid, 28 años)

Comparte generación con otros grandes guardametas de esta lista. El esloveno del Atlético se ha hecho un nombre con sus actuaciones totalmente brutales. No tiene mucho trabajo a lo largo de los partidos con su club pero cuando lo tiene lo resuelve con unas paradas estratosféricas. Un seguro de vida para cualquier equipo. No comete errores.

Marc-André ter Stegen (Barcelona, 28 años)

Suplente de Neuer en la selección de Alemania, no desmerece en nada a su compatriota. Desde hace mucho tiempo es el salvador del Barcelona. Muy bueno en el mano a mano con los delanteros rivales. Su estilo es muy reconocible: casi nunca va al suelo; gran colocación y una trabajada manera de tapar espacios. Se convierte en una muro difícil de batir. Es un especialista consumado en parar penaltis.

El Barça está en los huesos

Estando, en el mejor de los casos, acogotados perdidos por la tercera ola y sus consecuencias, un domingo por la noche hay fútbol. Y es una final. De la Supercopa, pero una final. Sabiendo que el Barça viene de donde viene -la nada- y que el Athletic acaba de contratar a Marcelino y tampoco está para fiestas, la predisposición a la hora de encarar el partido desde el sofá es la de ‘a ver si es divertido’. Y tampoco. Las precauciones, el telele, de los dos equipos hacen que sea imposible cualquier atisbo de alegría, de divertimento, en la final. Está el suspense del resultado; Griezmann marca primero en el 40’ -y baila ante su cámara, claro- y a los dos minutos De Marcos empata. Cualquier chispazo puede inclinar la balanza y el tanto anulado a Raúl García por fuera de juego le añade tensión. Pero diversión, cero.

Nos acostumbramos a todo. A no salir a la calle, a salir sólo durante unas horas, a no vernos, a no abrazarnos, a la angustia, a la incertidumbre y a los estadios vacíos. Y en esta ausencia de expectativas bajamos tanto el listón que corremos el riesgo de dar por bueno lo de que ninguna manera lo es. Tenemos tantas ganas de ilusionarnos que nos agarramos a lo que sea. El héroe de la semifinal fue Ter Stegen, que frente al Athletic el único trabajo que tuvo fue el de sacar el balón desde dentro de su portería. Y hasta Griezmann, incapaz de descolgarse el cartel de bulto sospechoso desde que llegó, que estuvo indecente ante el Eibar hace tres semanas y lanzó un penalti a las nubes hace cuatro días, parecía que iba a ser el protagonista de la final hasta que Villalibre empató en el 89’ porque el Barça no está ni para defender en condiciones un saque de falta cuando el partido agoniza. ¿Y Messi? Pues jugando la prórroga tocado y con la velita puesta de ‘a ver si se le ocurre algo’ hasta que en un ataque de frustración soltó un manotazo que le costó la primera tarjeta roja de su carrera. Este Barça, pobrete, está en los huesos. Ya es hora de aceptarlo.

Ter Stegen, el nuevo liderazgo

“Todavía está volando”, definió Ronald Araújo el partido de Marc André Ter Stegen (el del uruguayo no se había quedado corto) en la semifinal de la Supercopa de España contra la Real Sociedad. Porque cuando Riqui Puig marcó el gol decisivo (2-3 en la tanda), el grueso de jugadores no se dirigió hacia el de Matadepera. Todos corrieron a rodear al portero alemán, conscientes de cuánto se había agigantado en la prórroga ante Januzaj, en la tanda de penaltis, y de cómo había llevado al Barça a la final. “¡Vamos!”, gritó cuando paró el primer penalti de Bautista en la tanda. Pero tuvo más trabajo. Luego también pudo con Oyarzábal. “¡Vamos, joder!”, le añadió la interjección al segundo. Su capacidad de intimidación llegó a tal extremo que Willian José quiso ajustar tanto el tercer lanzamiento txuri-urdin que lanzó al palo el suyo. Básicamente, la tanda de penaltis la ganó él. Y metió en la final a un Barça que busca su primer título después de un año de sequía.

Esa piña final alrededor de Ter Stegen, con todos los jugadores dándole collejas, alumbra un nuevo liderazgo en el Barça. En su séptima temporada, y renovado hasta 2025 posteriormente a la pandemia, Ter Stegen es un jugador respetado en el vestuario, pero que también ha tenido sus roces con las antiguas vacas sagradas. Diferentes maneras de ver las cosas, diferentes conceptos sobre las jerarquías en el vestuario que ahora se ajustan. Es un tiempo de nuevos roles y nuevos liderazgos. Y, aparentemente, Ter Stegen representa los nuevos valores de un vestuario que, seguramente, tiene menos calidad que el que firmó la mejor década del club en su historia, pero que ahora transmite mucha más ilusión que aquel grupo de jugadores desgastados que en Lisboa tiraron la camiseta con el 2-8.

Allí también estaba Ter Stegen. El alemán tuvo ciertas dudas sobre su continuidad en el Barça. Bien instalado en la ciudad y en el club, necesitaba, sin embargo, que el vestuario se limpiase y se transmitiese una nueva imagen de seriedad. Lo que ve ahora le gusta más. La caída de Lisboa hizo besar la lona al Barça. Se acabaron las vedettes, los egos, la ligereza para saltarse entrenamientos. Se ha impuesto una nueva profesionalidad. Y, además, los más jóvenes le siguen. Lo ven como un líder. “Volando”, como Araújo. Ter Stegen, sin embargo, no quiso tirar cohetes después del partido. “Tampoco es para sentirse superorgulloso”. Él, que llegó al Barça en 2014 y tocó el cielo con el triplete esa misma temporada, ha visto desplomarse una entidad gigante. Por eso sabe que, dentro de sus obligaciones, está reconstruirla. “Estamos en el Barça para ganar partidos así”, recordó. Es posible. Hay ocasiones, sin embargo, que una simple semifinal de Supercopa de España alcanza un valor simbólico más importante que el de ciertas eliminatorias de Champions. El Barça quiere inventarse un nuevo tiempo y Ter Stegen representa un nuevo liderazgo.

Sin Messi pero con Ter Stegen

Me gusta esta Supercopa en ‘formato Rubiales’, y me gusta más en Andalucía, aunque sé que da menos dinero. Y digo Andalucía porque para estas fechas ofrece más garantías, no digamos ya este año, y tiene ciudades y campos no para una Supercopa, sino incluso dos, la de hombres y la de mujeres. Esta última, disputada íntegra en Almería ya tiene final, Atlético-Levante, que se jugará el sábado. Que se celebren casi en simultáneo las dos supercopas creo que no resta atención a la femenina, sino que la potencia, metiéndola en un todo que viene a constituir algo así como una gran feria donde el fútbol español muestra lo mejor que tiene. 

Córdoba hospedó una semifinal soberbia, a la que sólo le faltaron el público y Messi. El Barça y la Real soltaron un partido precioso y nos permitieron rebañar el plato hasta el fondo con una prórroga en la que se redobló la emoción y una tanda de penaltis inolvidable. Ter Stegen paró los dos primeros de los donostiarras, pese a los cuales, fallos de De Jong y Griezmann mediante, la Real quedó viva hasta el quinto del Barça, que transformó Riqui Puig, el incomprendido de Koeman. Había salido en la prórroga, no pesó, pero se dio el gusto de poner la firma a un partido superior y compartirá los mejores elogios de la noche con Ter Stegen.

La Real se fue triste. Hizo un partido bueno, meneó mucho a Ter Stegen, que se apuntó las mejores paradas de la noche, aunque también Remiro tuvo su actividad. Pero en los penaltis, el alemán se agigantó. Sus saltos por la línea, de lado a lado, intimidaron a los tres primeros lanzadores, incluido Oyarzabal, que llevaba quince aciertos seguidos (el último anoche mismo) con su peculiar estilo, ese saltito que me recordó a las niñas de los sesenta jugando al tejo, cuando conducían una piedra entre cuadros de tiza. Digno perdedor la Real, pero perdedor al fin. Madrid y Athletic lo verían por la tele, en Málaga. Hoy les toca a ellos. A ver si nos dan un espectáculo así.

Ter Stegen: “Podría haber parado algún penalti más”

Marc André Ter Stegen se coronó como el mejor jugador del partido, con sus intervenciones prodigiosas, tanto durante el partido como en la tanda de penaltis.

¿Se le veía muy seguro en la tanda de penaltis?

Pues no los tenía estudiados. Sabía que Oyarzábal tiene mucha experiencia. Al final es un poco diferente. Muy contento por el partido. Pero podría haber parado algún penalti más. La Real Sociedad ha sido un rival durísimo.

Hoy sólo le han marcado de penaltis…

Hubiera sido bueno para el penalti en el partido. Nos merecimos la victoria.

¿Tiene la sensación de haber sido clave para pasar la final?

Siempre busco estar al 100%. Hay que ganar estos partidos. Y muy contento por poder ayudar al equipo.

¿Cómo valora el partido?

En los primeros 25 minutos nos apretaron muy fuerte y lo hicieron muy bien. Nos costó mucho salir, pero poco a poco fuimos encontrado espacios y jugamos entre líneas. Se fueron cansando y pudimos dominar más el balón.

¿Y la prórroga?

En la prórroga todos somos más conservadores porque si te marcan es muy difícil de recuperar.

¿A Quién prefiere en la final?

Me da igual quien toque en la final. Ahora toca recuperar.

¿Cómo ha visto las manos de De Jong?

No sé si ha tocado en la mano Frenkie, pero hay muchas cámaras. Si es penalti, es penalti.

Súper Ter Stegen lleva al Barça a la final

A falta de Messi, Ter Stegen lideró al Barça para llevar al equipo blaugrana a la final de la Supercopa en la que esperará al vencedor del partido entre el Athletic Club y el Real Madrid. El portero alemán fue el ángel de la guarda de los barcelonistas en el partido y en la dramática tanda de penaltis que clasificó a un equipo al que ya le sonríe la suerte.

El partido empezó a las 12 del mediodía, cuando Moisés Llorens en la ESP anunció que Messi era duda para disputar el partido. El argentino se quedó en el hotel y no estuvo presente en el entrenamiento de activación programado por Koeman. Arrastraba molestias desde el partido de Granada y el Barça, en una situación ya precaria de entrada por las bajas de Piqué, Sergi Roberto, Coutinho y Ansu, se apuntaba a un ‘más difícil todavía’ que se completaría más tarde con la ausencia de Dest, también tocado, del equipo titular.

Ante esta precariedad, la Real Sociedad, a la que le faltaba Elustondo y David Silva, salió a la yugular del Barça desde el inicio. Mediante una presión asfixiante a la salida de balón de los blaugrana, el equipo vasco jugó un primer cuarto de hora en el que tuvo hasta cuatro ocasiones para inaugurar el marcador. La más clara de todas, una de Isak en un uno contra uno ante Ter Stegen, que el portero alemán solventó salvando al Barça.

El equipo blaugrana, huérfano del faro de Messi, encontró la ganzúa para salir del embrollo en Dembélé, que en cuanto agarraba la pelota se lanzaba contra la defensa realista, que no veía como conjurar sus aceleraciones. Una vez aparecía en la derecha, otras en la izquierda y a veces por el centro. Viviendo de Dembélé, el Barcelona fue sacando la cabeza del agua y Bratihwaite empezó a aparecer tanto para descargar balones como para avisar a Remiro, el portero txuri-urdin, de que era el Barça el rival.

Con el partido ya equilibrado y la Real domada tras su salida en tromba, el Barcelona consiguió hilar una larga posesión que empezó con una recuperación de De Jong y culminó con un remate de cabeza del propio holandés en el área pequeña llegando desde segunda línea. La perla que fichó el Barça del Ajax ha tardado en eclosionar, pero parece que con Koeman está encontrando su sitio.

Pero este Barça es un equipo de altibajos, como lo demostró el propio De Jong al inicio de la segunda parte al despejar con el codo un centro inofensivo de la Real, que se convirtió en un penalti, que a pies de Oyarzabal es sinónimo de gol. Pocos jugadores tienen la seguridad del de Eibar desde los once metros, donde es un espectáculo. A los cinco minutos de la reanudación la Real empata y decretaba un nuevo partido con la fuerza del que llega remontando.

El partido volvió a quedar en manos de la Real y el Barça volvió a aplicar la receta Dembélé, que a punto estuvo de desequilibrar el duelo con un disparo a los 60 minutos, pero el duelo se encaminaba a un duelo de fogonazos en el que ninguno de los dos equipos parecía hacerse con el control del juego. El partido pendía de un hilo y ambos entrenadores se guardaban los cambios temiendo un alargue.

El primer movimiento fue de Koeman, que dio entrada a Trincāo e Imanol respondió con Barrenetxea. Dos jóvenes de banda para cambiar un partido que iba a decidirse en la prórroga.

Riqui Puig y Pjanic fueron las apuestas de Koeman para el tiempo extra, mientras que Imanol daba entrada a William José y Zaldua. Nuevas cartas para un partido apasionante que en la segunda parte del tiempo extra tuvo momentos de infarto en ambas porterías, especialmente en un tiro de falta de Januzaj al poste tras un vuelo inverosímil de Ter Stegen, que completó el milagro en la tanda de penaltis que certificó Riqui Puig.

Aprobados y suspensos del Barça: la noche de Ter-Spiderman

Así fue la actuación de los jugadores del Barcelona en el triunfo, en la tanda de penaltis (3-2), ante la Real Sociedad (1-1).

Ter-Stegen: Paró todo lo parable, incluido el primer penalti que falla Oyarzábal en toda su carrera. Tremendo, el portero alemán.

Mingueza: Koeman eligió su perfil defensivo en lugar del más atacante de Dest. Sin alardes, pero cumplió. Al menos hasta que salió más fresco Barrenetxea.

Araujo: Lidiar con Isak y que Oyarzábal caiga por tu perfil, vaya examen ése. Poco a poco contuvo al delantero sueco y alejó de su zona al extremo donostiarra.

Lenglet: Mejor por abajo que por arriba. Despistado en algunos balones aéreos, sobre todo a comienzos de partido.

Alba: Lo pasó regular con Portu en el inicio pero luego se recompuso gracias a su experiencia. En ataque, mucho menos que cuando se asocia con Lio.

Busquets: Le queda el oficio.

De Jong: Comienza a parecerse al todocampista box to box por el que el Barcelona pagó tantos millones de euros. Demasiado box to box, esta vez. Marcó el 1-0 cazándola de cabeza cual ariete e hizo el penalti del 1-1 como un mal central. Luego la mandó al palo en la tanda.

Pedri: Algo despistado, quizá echando en falta a Messi (y quién no), el Barça vivió sus mejores minutos cuando el canario logró encontrar la pelota entre líneas.

Dembele: El mejor. Eléctrico, enchufado hasta acabar con calambres. Incluso vio una amarilla por protestar. No falló en la tanda. Si algún ariete caritativo aprovechara sus internadas al área…

Griezmann: No es 9 ni tampoco el elemento indetectable en el que se había convertido Messi últimamente. Menos peleado con el gol que el año pasado, pero discute todavía. A las nubes su penalti. Le queda la calidad de su asistencia a De Jong.

Braithwaite: En asuntos de pelea y trabajo no se le puede poner un pero. En lo demás… inició la jugada del 1-0 con un gran pase a Griezmann.

Trincao: Quitó más de lo que aportó por una razón: mandó a Dembelé a la izquierda.

Riqui Puig: Raro que Koeman le pusiera para minutos tan decisivos, pero lo fue: marcó el penalti crucial de la tanda.

Pjanic: Con el bosnio y Riqui Puig el Barcelona tuvo más la pelota, pero menos el control.

Júnior: Koeman le colocó extrañamente de lateral diestro. Suerte para ellos que para entonces la Real concentraba su juego en Januzaj, por otra banda.

Cinco errores de bulto que han despeñado al Barça

Errores individuales muy gruesos tienen al Barça despeñado de la clasificación. Más cerca del descenso que del título. Ya a doce puntos. Messi no hace la diferencia como antaño, pero lo que más está penalizando al Barça a estas alturas no es su falta de acierto, sino fallos impropios de un club grande que ahora le cuestan más que en época de esplendor, cuando era capaz de darle la vuelta a cualquier resultado. Ahora, cada error es una losa en forma de pérdida de puntos.

La primera del Barça llegó en Getafe, con un penalti infantil de Frenkie de Jong sobre Djené. En una jugada en la que el holandés sólo tenía que proteger su posición, ya que el central del Getafe no estaba en situación de ventaja, lo arrolló. El Barça no fue capaz de levantar el gol de Jaime Mata. Contra el Madrid, Lenglet cayó en la trampa de Ramos, que le sacó un agarrón y luego obligó a Martínez Munuera a ir al VAR. Lenglet protagonizó una acción parecida en Cádiz, pero está claro que no se ha ganado el respeto de los colegiados. Seguramente por errores como el del Carranza, nadie le hace caso.

Más. En el campo del Alavés, Piqué y Neto se hicieron un lío en una acción que no comportaba problemas de ningún tipo. El central comprometió sin razón al portero brasileño, que se encontró el balón encima y reaccionó mal. Luis Rioja hizo un gol que impidió el triunfo de un Barça que se dejó otros dos puntos en Vitoria.

De ahí, al Wanda, donde el primer mandamiento es no regalar en partidos exigentes al Atlético. Al filo del descanso, Dembélé se quiso regatear a sí mismo y perdió el balón. Los rojiblancos pegaron un pelotazo y Piqué intentó un control sin sentido que se le fue. Ter Stegen, tan adelantado como descolocado, fue burlado por Carrasco, que marcó el 1-0. Un resultado que ya no se movió.

Cádiz fue la guinda del desfase. El error triple de Alba, Lenglet y Ter Stegen, que acabó con el gol de Negredo, sacó lo peor de este Barça. Esos tres jugadores estaban en Liverpool cuando Alexander-Arnold sacó el córner que Origi castigó con el 4-0 mientras ellos miraban el césped o The Kop. No parece haber aprendido el Barça desde entonces. Y eso que no ha dejaso de dar disgustos a su gente. Del Barça que ha jugado con orgullo y ha sudado en la Champions, a este de LaLiga, media un abismo. Es hora de que Koeman empiece a tomar cartas con sus jugadores. Más allá de que Messi ya no gane partidos como antes, de que haya carencias en puestos decisivos como los de central o delantero, si el Barça ha perdido LaLiga en diciembre ha sido por su mala cabeza.

 

Barça de guardería

Tres profesionales disfrazados de infantiles, Jordi Alba, Lenglet y Ter Stegen, caricaturizaron en Cádiz al Barça de estos días. Es difícil desnudarse más que en ese 2-1. Una falta de concentración poco profesional en el saque del lateral; un despiste monumental del central, uno más después de su penalti tontorrón ante Ramos en el Clásico; y un problema mal resuelto por un portero con demasiada fama para los errores que suele perpetrar por temporada, obsesionado como está con el postureo del juego de pies. Ninguno de los tres se quitó el problema de en medio. Todos lo hicieron más grande. Es la cuarta derrota del Barça. Un dato tremendo, que lo deja con cara de equipo mediocre e inocente. Entre lo viejo por alguno de sus jugadores, y lo tierno en los jóvenes, con poco fuste. Decepcionante.

 El Barça de guardería empezó a perder el partido desde el principio. Dest concedió un córner bastante absurd. Ha debido ver poco el Barça al Cádiz en los últimos años. Si algo no debía hacer, era dejarse adelantar. Es el Cádiz un equipo que aprovecha como ninguno los errores del rival. Que sabe sufrir, que sabe sobrevivir. Y que tiene jugadores listos. Porque esto es para listos. Y Negredo le robó los tres helados del recreo a esas tres supuestas vacas sagradas que quedaron en evidencia. Gloria al Cádiz, histórico Cádiz de Álvaro, que siempre recordará el curso en que fue capaz de tumbar a Barça y Madrid..

Para este Barça, ya es muy difícil circular por LaLiga cuando Messi no hace la diferencia como antes. Pero el del Carranza no es un partido para mirar al argentino, ni siquiera a otros jugadores de fama como Griezmann o Coutinho. Las faltas de concentración fueron absolutamente imperdonables para un club lleno de millonarios. También sus porteros y sus defensas. No hay que mirar siempre a los mismos. Koeman se mordió la lengua después del partido, pero este tsunami de errores de parvulario terminará por señalarlo a él si no pone orden en este equipo descorazonador que anda desorientado. ¡Qué difícil era ganar a diario!