Al Madrid le pesan las piernas

El Madrid lleva un mes en la cuesta de enero. La poca fe de Zidane, justificada o no, en lo que le ofrece el banquillo ha generado una plantilla real de apenas 14 efectivos habituales y eso, entre falta de rotaciones y la resistencia del marsellés a agotar los cinco cambios permitidos, desemboca en un Madrid al que las segundas partes de los partidos le suponen escalar un puerto de montaña. Contra el Eibar sólo dio paso a dos cambios de refresco (Asensio y Valverde) y resistió, pero empieza a ser una señal de peligro…

Porque el Madrid empieza a perder el dominio de la pelota de manera habitual cuando empieza a gastar energías. Así lo dice la diferencia entre la posesión de balón en sus últimos cuatro partidos de la primera a la segunda mitad. En el Pizjuán fue el más llamativo, cayó del 44% en los primeros 45 minutos al 31% en la segunda parte. Pero también le pasó en el derbi (del 61% al 51%), ante el Athletic (del 73%, un monólogo, al 64%) y este pasado domingo en Ipurua, con cauces similares. Del 71% al 61%. Eso se reflejó en que el Madrid no logró matar el partido hasta el descuento y con el Eibar rondando peligrosamente el 2-2 que hubiera destrozado el rápido 0-2 blanco.

Basta con mirar también la Champions. En los dos últimos partidos, la derrota en Ucrania contra el Shakhtar y el 2-0 al Mönchengladbach, los rivales sobrepasaron en distancias recorridas al Madrid en la segunda parte, por mucho. Los ucranios corrieron 2.471 metros más en los segundos 45 minutos que el conjunto de Zidane, que había superado al Shakhtar por 1.870 metros en la primera. Contra el Gladbach, incluso la diferencia fue mayor: los jugadores teutones recorrieron 2.969 metros más que los madridistas en el segundo acto…

Un calendario que pesa una tonelada

Zidane viene haciendo referencias constantes “al cansancio” que acosa a su equipo porque el calendario le ha venido pesando una tonelada. El Madrid ha jugado 9 partidos en los últimos 30 días y vuelve a jugar el miércoles contra el Granada. Serán 10 partidos en prácticamente un mes, 33 días para ser exactos. Habrá después una semana hasta el Elche, pero enero no será más benigno que estará la Supercopa de España y la Copa.

Aunque Grégory Dupont, el preparador físico del conjunto madridista, estima que un periodo de recuperación de entre 72 y 96 horas “parece ser suficiente para mantener el rendimiento” de los futbolistas, sí que “se incrementa el riesgo de lesiones”. Los números parecen contradecir aparentemente esa afirmación. El equipo tiene que ponerse en modo ahorro en las segundas partes y las dolencias físicas no paran de acumularse (Hazard, Carvajal, Valverde, Odegaard, Benzema, Nacho, Odriozola…) y Zidane ha decidido quedarse con su guardia pretoriana de veteranos. Mientras el cuerpo aguante.  

Zidane exprime un fantástico limón

El pequeño y vacío campo de Ipurua escenificó un partidazo, característico de la Liga española, entre el mayor portaviones del fútbol mundial y el equipo que representa a un pueblo de 30.000 habitantes, enclavado en la profundidad de un valle guipuzcoano. Es la clase de partido que disgusta a los propulsores de la Superliga europea. Lo ganó el Real Madrid, después de jugar la mejor media hora imaginable de fútbol y de sostener, no sin dificultades, la ventaja frente al admirable Eibar, un equipo que si no existiera habría que inventarlo. Le viene de maravilla a la Liga como mensaje.

El Madrid sabe de primera mano la complejidad del campeonato español. Esta temporada ha perdido con el Cádiz y con el Alavés, dos rivales que nunca se encontrará en Europa, pero que representan el versátil carácter de la Liga, donde la desigualdad económica no garantiza la inmediata superioridad en el campo. Las victorias tienen que trabajarse, y mucho, a la vista de lo que sucedió en Eibar. Los aficionados sí valoran estos partidos porque ofrecen el retrato más fiel del equipo, el cotidiano, el que digiere mal las distracciones.

Los tres últimos partidos del Real Madrid habían sido crecientes: sólido y eficaz en Sevilla, autoritario contra el Borussia Moenchengladbach y magnífico frente al Atlético. En Ipurua se superó en la brillante media hora del encuentro. El Madrid elevó el fútbol a una categoría exquisita y feroz a la vez. Jugó con una armonía insuperable, a la máxima velocidad y precisión, con un despliegue brillante en cada jugada y los mejores recursos de sus jugadores más acreditados. La exhibición de Benzema, Modric y Kroos fue portentosa.

Si a la belleza del fútbol jugado con la máxima calidad se añaden detalles infrecuentes por su creatividad, el espectáculo es insuperable. Durante media hora, el Real Madrid ofreció el partido que sueñan sus aficionados. En la hora siguiente jugó bien y hasta muy bien en ocasiones, pero se encontró con la respuesta de un equipo que se negó a capitular. Con sus conocidos recursos (presión alta, indesmayable, aperturas a los costados, centros al área y juego largo para Kike García), el Eibar se rehízo y mantuvo al Madrid en estado de máxima alerta.

El giro se produjo en el gol de Kike García, delantero impagable por su compromiso profesional, el conocimiento del oficio y la sabiduría para desentenderse de todo aquello que no sabe o no puede hacer. Jugador inteligente, por tanto, capital para el Eibar. Su golazo señaló un nuevo comienzo del encuentro. El Madrid respondió, dispuso de oportunidades, transmitió poderío y no se dobló cuando el Eibar le apuró.

La respuesta general fue más que buena, con un solo perjudicado. Varane pasó muy malos ratos con Kike García, que salió ganador de un duelo que estuvo a la altura del partido. De lo demás se ocuparon unos jugadores que se repiten en la alineación jornada tras jornada. No se puede ni se debe desaprovechar el estado de gracia de futbolistas como Luka Modric, Karim Benzema y Toni Kroos. El Madrid tampoco se puede permitir ventajas al Atlético. Zidane lo sabe y exprime el limón. Hace bien. Cuando no lo exprimió, el Real Madrid decepcionó y se colocó al borde del abismo.

Las manos se nos van de las manos

Llegados a este tramo de la competición, negar el gran problema que tenemos con el criterio sancionador de la mano punible sería de una gran irresponsabilidad. Y escudarse en que la mano es el concepto más difícil de concretar sería lo mas cómodo.

Tantos cambios de criterio que se han venido dando han llevado a un estado de confusión nunca visto. La crítica, desde el mas absoluto respeto, que hizo Dani Carvajal al termino del Eibar-Real Madrid tiene que llamar a la reflexión ya no del arbitraje, sino del fútbol. Que un jugador reconozca que no sabe cuándo una mano es punible o no deja en una indefensión absoluta a los participantes en el juego, y esto no se basa en una opinión personal, sino en un sentir general entre aficionados y profesionales del futbol.

Una vez dicho esto, estamos en el tiempo de buscar soluciones y no culpables. Yo doy mi modesta opinión para abrir un debate que nos lleve a una solución consensuada entre todas las partes, porque siempre digo que el reglamento no es de los árbitros: es del fútbol.

Para empezar, yo dejaría las manos como estaban antes de tanto cambio de concepto. Es decir, manos de rebote, apoyadas en el suelo y con los brazos por debajo de los hombros, no debería sancionarse ninguna. Por supuesto, las manos de espaldas, tampoco. A partir de ahí, hay que sancionar el gesto, el movimiento que provoca que el balón impacte con la mano o con el brazo. Y ahí hay aspectos que considerar: ¿el jugador ha visto el balón y ha podido evitarlo? Si tiene el brazo colgando y el balón impacta en él o en la mano, ¿ha tenido tiempo de retirar el brazo el defensor o lo dejó intencionadamente en esa posición porque así le interesaba?

Resumo, una vez descartadas las que no son, se debe fijar un criterio de las que son y tenerlo claro. Tampoco hay tantas manos. Es cuestión de conocimiento del espíritu del juego y la filosofía de la regla. ¿Que invita la regla a sancionar como acto punible? Toda acción dolosa debe estar contemplada por la norma a efectos de infracción.

Las jugadas polémicas del Eibar-Madrid: posible mano de Ramos, una roja no sacada a Arbilla…

Polémica en el Eibar-Real Madrid. En el minuto 80, el Eibar solicitó penalti a su favor por una supuesta mano de Ramos dentro del área blanca. El jugador del Eibar Muto remató de cabeza muy cerca del central sevillano y el balón fue directo al codo de Ramos, levemente despegado del cuerpo del defensor de Camas. El colegiado, Munuera Montero, no señaló nada e invitó a los locales a esperar a que el VAR le avisase si había algo que corregir. Pero Cuadra Fernández, desde la sala VOR, no contradijo la decisión de su compañero.

Para Iturralde González, árbitro especialista de AS y del Carrusel Deportivo de la Cadena SER, la decisión de Munuera Montero fue correcta. “Para mí no es penalti, es una mano muy natural. Estoy de acuerdo con el árbitro. No hay un error claro y manifiesto. Si el árbitro la ve y considera que no hay nada, Cuadra Fernández no le va a indicar que vaya al monitor”.

Segunda amarilla para Arbilla perdonada

Además, para Iturralde el jugador del Eibar Arbilla no debió acabar el encuentro, pues mereció ver la segunda amarilla mediada la segunda parte, por una falta dura sobre Valverde: “Deberían haberle sacado la segunda porque es una falta clarísima de amonestación: cerca del área, va a entrar el madridista…”.

Además, desde Real Madrid TV reclamaron que el gol de Benzema que se anuló por fuera de juego en la primera parte no debió ser anulado, pues la imagen de televisión seleccionada por el VAR habría llevado a pensar que era fuera de juego por centímetros, mientras que el frame anterior situaba al francés en línea. 

Modric se gana a pulso un respiro

Un montón de partidos después y con un puñado de minutos en el zurrón Modric tuvo que sacar la bandera blanca y Zidane le concedió un respiro. Coincidiendo con la salida del campo del croata el Eibar empezó a empujar y el Madrid a perder con demasiada frecuencia la pelota en el centro del terreno al faltarle la brújula y su capacidad para mantener la posesión cuando los choques se complican. Luka lleva dos meses jugando con el poderío de un veinteañero y la sabiduría de un Balón de Oro y la mezcla está siendo clave en el resurgir del equipo en los cinco últimos partidos. No parece muy lógico que después de un montón de tiempo sin ninguna aparición publica de Florentino el presidente parezca más preocupado persiguiendo fantasmas antimadridistas que explicando a los socios blancos que hace un tipo como Modric sin renovar a 10 días de ser libre para decidir su futuro. Imagino que será porque nadie lo preguntó en la Asamblea de Compromisarios….

El que sepa qué es mano que lo diga

Partido de los que hacen afición, se decía antes. Eso fue lo que vimos en Ipurua, un partido bello, de ida y vuelta, con alternativas, sin esos tramos tediosos de ataque estático, de un lado a otro del campo ante un bloque cerrado, tan del balonmano, tan del fútbol últimamente. Un partidazo subrayado por cuatro goles preciosos. De los del Madrid, Benzema, que sigue jugando cada vez mejor y ya es difícil, hizo uno y dio dos. El primer cuarto de hora del Madrid fue imperial, con él y Modric tocando el violín. El Eibar no se amilanó con el 2-0, peleó el partido, se comió contraataques y se fue pensando que hubiera empatado de no ser por el VAR.

Porque el partido estaba 1-2 y a punto de finalizar cuando un cabezazo de Muto pegó en el codo de Sergio Ramos. Hubo un momento de intriga, pero tras un breve diálogo con Cuadra Fernández, que capitaneaba la sala VOR, Munuera dijo no. Para mí, por el Antiguo Testamento no era penalti, pero por el Nuevo Testamento, ese código confuso parido por David Elleray, sí lo es, y vemos pitar penaltis por menos. Al final, Carvajal y Kike García, entrevistados al borde del campo, coincidieron en confesar que ya no saben qué es mano y qué no. No lo saben ni ellos ni nosotros ni Cuadra ni Munuera ni sé si lo sabe el dichoso Elleray.

Esa jugada, que llenó de inmediato las redes (suerte que los que les concedieron la víspera al Atleti y el Barça fueron muy objetables, dejémoslo ahí), tuvo la réplica de un tercer gol del Madrid, que elevaba el resultado hasta más allá del margen de un gol. En todo caso, el Madrid ganó bien, porque llegó más y con más peligro. Zidane sacó otros tres puntos con los de siempre salvo Vinicius que, enfermo, dejó el puesto a un aceptable Rodrygo. Muy avanzado el partido salieron Valverde y Asensio. Zidane, que tanto brillo sacó no hace mucho a la segunda unidad, tira ahora de los justos porque, a diferencia de entonces, poco más hay. Mientras puedan…