Zidane, a la caza de Muñoz

Cinco años después de haber sido presentado como entrenador del Real Madrid (interrumpidos por propia voluntad durante nueve meses), Zinedine Zidane se apresta a afrontar un nuevo reto que le puede dar un nuevo trofeo tanto al conjunto blanco como a su propio palmarés: si los madridistas se proclamasen campeones de la Supercopa el domingo en Sevilla, sería su 12º título en 237 encuentros. Hasta ahora, el entrenador francés acumula 235 encuentros dirigiendo a la primera plantilla blanca con el siguiente balance: 155 victorias (66%), 48 empates (20%) y 32 derrotas (14%). Se colocaría a sólo dos títulos de igualar el récord de Miguel Muñoz, que en sus 14 campañas como técnico madridista logró 14 títulos (nueve Ligas, dos Copas de Europa, dos Copas de España y una Copa Intercontinental).

La diferencia radica en que Zidane apenas ha necesitado ese lustro para lograr esos 11 que le igualan en el ránking con Johan Cruyff, que también sumó 11 campeonatos con el Barça. Por delante tiene al mencionado Miguel Muñoz y a Guardiola (con el Barça), ambos con 14 títulos.

No obstante, el palmarés de Zidane no es corto. Tres Champions logradas de manera consecutiva, algo que no se había visto nunca con el nuevo formato y que hay que remontarse hasta la década de los 70 para ver algo similar con el Ajax, primero (1971-73), y el Bayern después (1974-76), sin olvidarse de la época dorada en la Copa de Europa donde los blancos dominaron desde 1956 hasta 1960. Añadan dos Ligas, dos Supercopas de España, dos Mundiales de Clubes y dos Supercopas de Europa: en total, ha ganado un título para las vitrinas blancas cada 22 encuentros que ha dirigido a los blancos. Sólo le falta la Copa del Rey para culminar un palmarés espectacular. Un trofeo que, curiosamente, ya se le resistió como jugador blanco: jugó dos finales (2002 y 2004) y perdió ambas…

Por detrás de Muñoz y de Zidane aparecen nombres ilustres en el santoral de técnicos madridistas: Luis Molowny, que ganó ocho trofeos, y Vicente del Bosque, que levantó uno menos, siete. Todos tienen el mismo denominador común: fueros hombres de club que no dudaron en aceptar retos complicados en etapas difíciles. Y todos salieron campeones…

Zidane decidió marcharse en el verano de 2018 tras ganar su tercera Champions consecutiva. Sumaba nueve títulos cuando decidió dar un paso a un lado. El entrenador francés adujo motivos personales. “Si creo que no voy a ganar, es mejor hacer un cambio”, aseguró en conferencia de Prensa el 31 de mayo de 2018, antes de explicar que podría regresar (“Claro que puede ser un ‘hasta luego’. Voy a estar cerca de este club siempre”). Algo que cumplió en marzo de 2019 para ir perfilando la plantilla en los 11 últimos partidos de Liga que quedaban. La campaña siguiente volvió a ganar la Liga, la del Coronavirus, un campeonato con dos tramos futbolísticos: en el segundo periodo el Madrid enlazó 10 victorias consecutivas en los últimos 11 encuentros para asegurar la Liga 34. Ahora llega a Andalucía. Primero a Málaga, donde curiosamente ganó su primera Liga en La Rosaleda al derrotar a los locales en 2017 para sellar la primera Liga después de cinco años. Luego, el domingo, si elimina al Athletic Club, le tocará el Barcelona o la Real Sociedad en la final de La Cartuja (21:00 horas, #Vamos).

También es llamativo su historial en finales: ha disputado nueve y ha ganado las nueve. Un pleno increíble. Guardiola, por poner un ejemplo, ganó ocho de sus primeras nueve finales. Es un dato que avala su trayectoria como entrenador de alto nivel, aunque sabe que algún día le llegará la primera derrota. Pero él se ve ganador en Sevilla. Significará que sigue engrosando la Sala de Trofeos del nuevo Bernabéu…

 

 

Ceferin a Florentino, por la Superliga: “Le interesa sólo el hoy, no lo que será el mañana”

En el año más difícil desde la creación de la UEFA, muchos desafíos de envergadura relacionados con la crisis sanitaria están poniendo en jaque al mundo del fútbol, pero el organismo europeo está respondiendo con la mejor cara posible. “Logramos jugar más de 1.200 partidos durante este tiempo sin un incidente importante“, dijo Aleksander Čeferin en una entrevista al diario esloveno 24.ur. El presidente de la UEFA es muy optimista de cara al 2021 y anuncia que la final de la Liga de Campeones, a finales de mayo en Estambul, se preparará “con la intención de que el estadio esté lleno”.

La Superliga, según Ceferin, empujaría a los clubes más pequeños al borde del colapso y enriquecería aún más a los ricos. “Este es el sueño de Florentino Pérez durante los últimos 30 años. Solo le interesa lo que será hoy, y no lo que será mañana”. De este modo, se suma a las críticas de otros dirigentes, como Javier Tebas (“creo que el presidente anda muy despistado con el tema de la Superliga, deben informarle mejor”).

También ha expresado que, a pesar de la crisis sanitaria, el mundo puede avanzar y aprender de todo esto. Eso sí, si se toman en cuenta las medidas. Ceferin ha recalcado el esfuerzo de la UEFA para tratar de mantener el fútbol activo. “No dormimos mucho, tenemos que trabajar día y noche. Hablamos con los gobiernos. Charlamos más de salud más que de fútbol”, dijo el esloveno al diario de su país.

No ha habido ningún incidente reseñable estos meses en competición continental. La mayoría del tiempo se ha vivido frente a gradas vacías. Pero, ¿qué nos espera? “Primero veremos lo rápido que se llevará a cabo la vacunación, qué tan importante será la vacuna. Nos estamos preparando para que la final sea como todos los años“, respondió Ceferin. El mandatario continental fue claro: “En cualquier caso, el formato seguirá siendo el mismo hasta 2024. Además, los derechos televisivos se han vendido”.

Después de ese año, sin embargo, puede haber cambios: “Estamos hablando de no jugar el fin de semana porque queremos mantener el valor de las ligas nacionales. Pero queremos un sistema un poco diferente, más interesante, que incluya absolutamente todo. Este sueño de jugar La Champions League será tan especial como lo es ahora“.

La Superliga no mejora la Champions

El proyecto de Superliga de la ECA (agrupación que mangonean los clubes más ricos) lleva implícito el menoscabo de los campeonatos nacionales, pero no es esa la única objeción que se le puede poner. El proyecto propone sustituir el modelo actual de Champions por un sistema de liga (con grupos entremezclados, pero liga al fin) que desembocaría en una fase final de ocho. Más partidos, más choques entre clubes punteros. Un Madrid-United o un Barça-Bayern dejarán de ser hechos excepcionales. Partidos que ahora deslumbran como acontecimientos extraordinarios perderán esa propiedad. Pasarán a ser algo cotidiano.

 Por otra parte, el modelo de hoy se basa en los clubes-mito, esos que dominan en sus países y llegan muy arriba en la Champions… Si hubiera Superliga, a algunos les tocará andar por en medio o peor y no será grato para sus aficiones acostumbradas a otra cosa. Acabar entre los ocho primeros y entrar en la fase final puede ser acicate, pero eso tiene el precio de crear mayoría de partidos intrascendentes. Habrá emoción en torno al octavo puesto, sólo ahí. El baloncesto ha pagado caro la abundancia de partidos en los que no gana mucho por ganar ni se pierde mucho por perder. El fútbol no debe recorrer ese camino. Ya se sabe dónde lleva.

La Champions procede de la vieja Copa de Europa, a la que iba el campeón de cada país. La UEFA lleva años cediendo ante los clubes-mito y ya hace años que no van los campeones de los países de menor nivel y sí hasta cuatro representantes de las mejores ligas, cuyos clubes más ricos se han convertido en aspiradoras que absorben los mejores futbolistas de cualquier parte del mundo desde la edad de promesas. Pero no les basta, le puede la codicia. No veo sentido a este plan, que aparte de desertizar más aún todo el fútbol exterior a ese paraíso artificial que imaginan, pretende sustituir una Champions que funciona por una aventura peligrosa.

El proyecto egoísta de la Superliga

Al conocer el alegato de Florentino contra el actual modelo del fútbol miré la evolución del presupuesto del Madrid en este siglo. En la 99-00 fue de 118 M€; en la 19-20, de 821. No es el retrato de una industria en crisis. (La pandemia penalizó el último en 108 M€ y obliga a un cálculo austero para el próximo, pero eso nada tiene que ver con el modelo). Otra cosa es que a los clubes más ricos les parezca poco lo mucho que crecen porque son incapaces de moderar las demandas de sus superestrellas y hayan decidido apostar por empobrecer las ligas nacionales a fin de rebañar más dinero para su club exclusivo de supereuropeos.

Si esto sale adelante tendremos una Superliga a cambio de la Champions. ¿Será mejor? Lo dudo. Lo seguro es que el plan incluye abaratar las ligas nacionales para que el grueso del dinero que los aficionados gastan en fútbol se canalice hacia la Superliga. Jugarán las ligas nacionales con los reservas. Les dará igual el puesto, ya que serán propietarios-fundadores de su ‘superplaza supereuropea’. El Madrid mandaría así a San Mamés, o el Barça a Mestalla, un equipo del tenor del que mandan en la Copa a Ponferrada o a Villanueva de la Serena. Y hasta es posible que sigan ganando ligas con su equipo B, ya que la brecha con el resto se agrandará.

Un planteamiento egoísta, propio, eso sí, de este tiempo de marcha atrás en la Historia en el que cada vez menos gente se queda con más cosas. El fútbol en su conjunto perderá, aparte de que se desencadenará una inquina peligrosa entre la UEFA, que se vería despojada de su Champions, y la FIFA, complotada con los conspiradores. Hace años, un hombre sabio de un club grande me dijo: “Un montón de gente nos calentamos cada día la cabeza para que cada estrella tenga en su garaje seis Lamborghinis en lugar de cinco”. Bueno, pues en eso siguen. Ahora idean sacrificar las ligas nacionales en el altar de esos insaciables semidioses del balón.

Florentino y Tebas, un huevo y una castaña

Se ha detectado una gran confusión entre lo que es el plan de la Superliga y lo que es la reforma de la Champions. El discurso de Florentino Pérez apunta más al primer proyecto, en fase avanzada, y la propuesta de Javier Tebas se ciñe más al segundo, que aún está en discusión. Es importante distinguirlos, porque la Supercopa y la SuperChampions se parecen lo mismo que un huevo y una castaña.

La Superliga reunirá a los mejores equipos de España, Inglaterra, Italia, Alemania y Francia, muchos de los cuales ya han dado su visto bueno a la nueva competición que comenzará en septiembre de 2022 y que replicará el modelo de la Euroliga de baloncesto. Se disputará a ida y vuelta entre los 16-18 (más bien 16) clubes participantes y terminará con un play-off final entre los ocho mejores para decidir el campeón. Esta competición, pensada para arrancar en 2022 tiene el soporte financiero de JP Morgan, y ya han firmado la carta de adhesión el Real Madrid y el Barcelona, de España, y también el Manchester City, United, Clelsea y el Liverpool (Inglaterra), Inter y Milán (Italia), PSG y Lyon (Francia) y Bayern Múnich y Borussia Dortmund (Alemania). También están invitados a participar Atlético de Madrid, Arsenal, Roma y Juventus. Total, 16.

La SuperChampions es otra cosa. Es el proyecto de reforma de la Champions que la UEFA ha puesto en marcha para frenar la Superliga. Lo ha hecho con el apoyo de la ECA, que preside Agnelli, a su vez patrón de la Juventus y que, por lo tanto, juega a dos barajas. La reforma de la Champions es básicamente una ampliación de la actual fase de grupos de 32 a 36 equipos. De estos 36 clubes, sobrevivirían dieciséis, que se emparejarían por su clasificación en la fase regular y no por sorteo. Esto sería como en los playoffs de la NBA, pero sin división por conferencias. Es decir, el primero jugaría contra el decimosexto, el segundo contra el decimoquinto y así, sucesivamente hasta la eliminatoria final. Este proyecto está pensado para ponerse en marcha a partir de 2024.

Las diferencias entre ambos formatos son evidentes, pero no es lo que más separa a la Superliga de la SuperChampions. Lo que más distintas las hace es que la primera está avalada por la FIFA, y la segunda por la UEFA. Y lo que ya de verdad termina de separarlas es su vocación, su visión estratégica: La Superliga está pensada como algo exclusivo y selecto, como un producto premium para las televisiones y el público, y la SuperChampions como algo más paneuropeo, con equipos, grandes, medianos y pequeños, más allá de las cinco grandes ligas.

“Florentino Pérez no entiende los efectos que tendría la Superliga”

La SuperLiga sobrevuela en los últimos tiempos el fútbol europeo. Tras las palabras de Florentino Pérez en la Asamblea del Real Madrid pidiendo una renovación del fútbol asegurando que “necesita fórmulas que lo hagan más competitivo y emocionante“, Javier Tebas ha concedido una entrevista a Goal para dejar claro que el formato de la SuperLiga Europea “es perfecto para arruinarse”. El presidente de LaLiga asegura que “es inviable” y que “la mayoría de los clubes españoles, incluido el Atlético de Madrid, están en contra. Madrid y Barcelona, con un análisis sosegado, también tendrían que estarlo”.

SuperLiga, un proyecto inviable: “Esto es clandestino. Todavía no he visto ninguna vez hablar de esto oficialmente a un club, sólo 10 segundos a Bartomeu. Después pregunté enseguida al entorno del Barcelona y todos decían lo mismo: “No sé, hay algo…”. Si realmente hubiera una postura de 10/12 equipos de Europa, sería algo mucho más público, es que es clandestino. Desde luego a mi no me consta que haya ninguna oficialidad porque es un proyecto que es inviable. Quien hable de que estos proyectos son viables es que, por gran empresario que pueda ser, no conoce el business del fútbol tanto del ámbito jurídico como al nivel económico”.

Guerra de intereses: “No hay entidad financiera que quiera financiar la competición. Yo les digo que van a financiar una guerra. Una guerra con las grandes instituciones de las Ligas de Europa, con la UEFA, con la FIFA… son modelos inviables. Por eso digo que son de barra de bar. En el bar lo puedes dibujar, pero cuando te sientas a hacerlo es imposible. En el ámbito jurídico, estos clubes están asociados a UEFA y FIFA y es imposible sacar una competición nueva sin la aprobación de estas asociaciones. No es posible que esto ocurra en el año 2022 como he visto que publicado en el ‘Financial Times’. El que filtra para desestabilizar se equivoca de fecha. Es imposible”.

Barcelona: “El Barcelona sabe que es inviable. Bartomeu utilizó la Superliga para desviar el foco en su peor día en la presidencia de Barcelona. Fue lo más desafortunado que hizo como presidente”.

Real Madrid: “Florentino Pérez es el que dicen que está detrás de todo esto, pero como es algo clandestino no lo puedo saber. Intuyo que a él le gusta la Superliga por lo que he podido entender tras conversaciones con él. Creo que es un gran empresario de construcción y un gran gestor del Real Madrid, pero no es un gran gestor de las grandes competiciones como la SuperLiga. No entiende lo que esto generaría. Lo que pasa es que es un privilegiado del mundo empresarial de lo que entiende, pero no un privilegiado que entienda muy bien de los efectos que tenga la Superliga incluso para su club, que es llevarlos a la ruina. La gente se cansará de que el Real Madrid no gane la SuperLiga”.

Formato inviable de la SuperLiga: “Me gustaría ver a los equipos españoles jugando en febrero contra el Manchester United estando a 10 puntos del primero. Y esto va a pasar bastantes años porque solo gana uno. Tengo la sensación de que la gente no va a tener el fervor que tiene con la Champions. Es un proyecto perfecto para arruinarse, cargarse a sus aficionados y enfrentarse con las instituciones del fútbol”.

Postura de los clubes españoles: “La mayoría de los clubes españoles, incluido el Atlético de Madrid, están en contra de la SuperLiga. Madrid y Barcelona, con un análisis sosegado, también tendrían que estar en contra. A lo mejor han mantenido silencio, pero hay que ser leal con la institución. Si ellos entienden el negocio deberían saber que todo esto perjudicaría a LaLiga y no puedes estar en los dos sitios”.

UEFA planea cambios en la Champions: “La UEFA está trabajando en un proyecto diferente de Champions, pero siempre respetando lo que las grandes Ligas queremos. Habrá alguna cuestión que no nos gusten mucho, pero no está dentro de la esencia de la autonomía de las grandes ligas. Los fines de semana son para jugar las competiciones nacionales. Se van a respetar las listas de acceso a la Champions. Respetan las lineas rojas que hemos marcado las Ligas europeas. La UEFA ha hecho un camino diferente para ver cómo podemos renovar la Champions, aunque a mi no me gustaría cambiar nada”.

Protocolo COVID-19 de la RFEF en Copa del Rey: “En comparación con nuestro protocolo… no se están cumpliendo nuestras medidas. No se han respetado distancias de seguridad en palcos de fútbol español y estamos preocupados porque pueden salir positivos”.

Rusia consultará con UEFA y FIFA tras recibir la sanción por dopaje

La Unión de Fútbol de Rusia (UFR) informó este jueves de que mantendrá consultas con FIFA y UEFA después de que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) redujera a dos años la sanción impuesta al deporte ruso por connivencia con el dopaje.

“Vamos a mantener consultas adicionales con la FIFA y la UEFA para valorar su impacto (de la sanción) en nuestras selecciones y la celebración en Rusia de torneos internacionales”, señala un comunicado de la UFR.

Rusia está clasificada para la Eurocopa, pero la sanción no incumbe a competiciones continentales, por lo que podrá participar con su escudo y bajo su bandera.

En cuanto al Mundial de Qatar, no está claro si la sanción propuesta por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) afectará al combinado ruso en caso de que se clasifique en el Grupo H europeo que comparte con Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Chipre y Malta.

Al respecto, el presidente del Comité Olímpico Ruso (COR), Stanislav Pozdniakov, se mostró convencido de que los futbolistas rusos jugarán en Qatar si logran superar la fase de clasificación.

También puede ocurrir que los futbolistas rusos reciban la autorización para competir, pero deban hacerlo como neutrales, como ocurrirá con otros deportistas del país en Mundiales y Juegos Olímpicos.

San Petersburgo no debería tener problemas para acoger el próximo verano tres partidos de la primera fase y uno de los cuartos de final de la Eurocopa, al igual que la final de la Liga de Campeones en 2022.

El director general de la Eurocopa en la antigua capital imperial, Alexéi Sorokin, aseguró este jueves que ninguno de esos dos torneos se verán afectados por el fallo del TAS, al igual que ocurrirá con la Supercopa de Europa de 2023 en Kazán, ya fuera del plazo de la sanción.

Influencer Bosman

Al lado de todas las reivindicaciones por los derechos laborables que ha habido en la historia, esta tiene una importancia mínima. Sin embargo, dentro de la burbuja del fútbol, posiblemente la Ley Bosman haya sido el mayor punto de inflexión que ha vivido este deporte desde su profesionalización. Este sí fue un hecho histórico y no los récords de Cristiano o los Balones de Oro de Messi.

Bosman peleó por la libre circulación de los futbolistas dentro de la Unión Europea y ganó, facilitando que, en un futuro, el negocio del fútbol se explotase al máximo con sueldos, fichajes y, en definitiva, cifras más altas. Pero curiosamente él se llevó la peor parte y acabó arruinado. En 2015 explicó en una entrevista a la revista Panenka que estaba arruinado, habiendo dejado de recibir cualquier prestación por desempleo y sintiendo un rechazo absoluto por parte de un sector al que tanto impulsó. Bosman fue el único que no se aprovechó de la Ley Bosman. Esto fue lo que ocurrió y estas son las consecuencias que afectaron en su día, que afectan ahora y que seguirán afectando en el futuro.

Para entender su problema, hay que conocer cómo eran los traspasos antes de 1995 y el derecho de retención que tenían los clubes por el que Messi se tiraría de los pelos hoy en día. Esto significaba que los jugadores no quedaban libres al finalizar su contrato, sino que el club de origen podía reclamar un precio por su traspaso. Bosman, en 1990, quiso marcharse del RFC Lieja al Dunkerque. Sin embargo, los belgas pedían un dinero que los franceses no podían pagar y Bosman se quedó sin equipo.

Entonces, el futbolista comenzó una disputa legal que duró cinco años en el Tribunal de Apelación de Lieja. Su argumento residía en el Artículo 48 de los Tratados de Roma de 1957. Los primeros pasos de la Unión Europea. Allí se creó la Comunidad Económica Europea (CEE) y, a través del citado artículo, se establecía la libre circulación de trabajadores dentro de la Comunidad:

Con esta base legal, Bosman reclamaba su derecho a no ser discriminado por su profesión y pedía retirar aquel derecho de retención vigente hasta la fecha. En consecuencia, también se solicitaba que los jugadores de los países que firmaron el Tratado CEE no tuviesen la etiqueta de lo que en el fútbol se conoce como ‘extracomunitario’. La sentencia pronunciada en una audiencia pública en Luxemburgo el 15 de diciembre de 1995 decía así:

Su victoria dio ejemplo a otros como Kolpak en 2003 o Simutenkov en 2005. El primero, portero eslovaco de balonmano, luchó por lo mismo que Bosman pero para los países que no estaban en la Unión Europea pero habían firmado el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (Lituania, Letonia, Estonia, Eslovaquia, República Checa, Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Eslovenia, Malta, Chipre y Turquía). El segundo, exfutbolista del Tenerife, recurrió al Acuerdo de Colaboración y Cooperación de 1997 para permitir que los jugadores de Rusia (y en consecuencia de Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguizistán, Moldavia, Mongolia, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán) fuesen considerados comunitarios.

Un gran logro para el futbolista (y no sólo el de la Unión Europea), que vio sus opciones multiplicadas, para el representante y para el club rico. No tanto para los clubes de las pequeñas federaciones y, en consecuencia, la pluralidad del fútbol.

Antes de la Ley Bosman, los equipos tenían que apañarse con lo que podían. Si su cantera (o las de su país) no generaban los suficientes talentos como para competir, no podían acudir al mercado y llenar la cesta de la compra de jugadores extranjeros. Y si lo hacían, de poco les serviría porque sólo podían alinear a tres en partido oficial. Uno de los casos más llamativos fue el del Milan en la temporada 1992-93. Aquel año, Capello tenía en su plantilla a Rijkaard, Van Basten, Gullit, Savicevic, Boban y Papin. Debía elegir para cada partido qué tres estrellas se quedaban sin convocar.

A partir de que no se considerasen a los jugadores de países miembros de la Unión Europea como extracomunitarios se abrió un abanico de posibilidades enorme para los clubes. No sólo significaba que podían comprar a los mejores jugadores europeos sin limitaciones, sino que las nacionalidades que opositaban a las tres plazas de extranjeros de cada equipo eran mucho menores. Este detalle repercutió directamente en los sudamericanos, quienes empezaron a salir de Brasil y Argentina en busca de los mejores contratos.

Así, los grandes clubes de Europa podían saquear a los pequeños sin compasión. Más allá de que ya no hubiese derecho de retención, el poder económico y el estatus de los escudos que llamaban a la puerta era suficiente para convencer a los jugadores de los clubes más pequeños. El caso más paradigmático es el del Ajax de finales de siglo. Meses antes de la resolución del caso habían ganado la Copa de Europa con un once que en 1999 ya se había repartido entre Inter, Juventus, Milan, o Barcelona, entre otros. Este es un hecho que se ha venido repitiendo los últimos veinticinco años. Y eso si hay suerte de que salga un club modesto con una gran generación capaz de plantar cara a cualquiera, porque cada vez es más difícil que ocurra. Con el derecho de retención, los clubes ganaban dinero para seguir invirtiendo en la cantera y poder ofrecer un buen contrato que les retuviese durante unos cuantos años, hasta que alcanzasen la madurez futbolística. Ahora vemos como el Barça ficha a Dest habiendo jugado 38 partidos con Ajax o al Madrid a Varane con 24 partidos en el Lens y a nadie le sorprende. Son los abusones que le quitan el dinero del bocadillo a los más débiles.

Como consecuencia, la élite del fútbol europeo ha cambiado y se puede demostrar fácilmente fijándonos en los campeones de la Champions League antes y después de Bosman. Hasta 1995 se disputaron 39 ediciones y se vieron a diez nacionalidades distintas levantar el título. Desde entonces, en estas últimas 25 sólo ha habido cinco países vencedores y habría que darle una medalla especial al Oporto por conseguir colarse entre las cuatro grandes ligas.

Obviamente, no sólo se ha reducido el número de ligas campeonas, sino que también el de equipos. Mientras que antes de Bosman hubo veinte campeones diferentes, después sólo ha habido once. Cualquier niño alucinaría si le dijésemos que hubo un tiempo en el que el Nottingham Forest (1979 y 1980), el Aston Villa (1982), el Steaua Bucarest (1986) o el Estrella Roja (1991) podían ser los mejores equipos de Europa.

Como cada historia, depende del punto de vista desde el que se mire. Y si nos calzamos las botas del canterano o el futbolista medio (la gran estrella jugaría en cualquier club antes y después de Bosman), vemos que cada vez es más difícil hacerte un hueco en la plantilla de los mejores equipos nacionales porque cada vez llegan más extranjeros. Por otro lado, también podías hacer como ellos y salir a equipos de otros países (algunos con grandes contratos, por otra parte). En definitiva, y con los años se ha ido demostrando, se empezó a pagar mucho por buenos jugadores que no tenían por qué ser mejores ni peores que los ya presentes. La frase “pero como no es brasileño…” es un tópico que se ha escuchado habitualmente para poner en valor al jugador español y que, aunque no deja de ser un tópico, en ocasiones es muy cierto. El futbolista se convirtió más que nunca en mercancía en manos de superagentes, fondos de inversión e intermediarios, todos ellos con comisiones altísimas en un mercado de fichajes con cifras cada vez más ridículas.

Una vez creado el establishment del fútbol, este último intentará, como ha ocurrido históricamente en cualquier ámbito de la vida, ser cada vez más grande y hacer a los demás cada vez más pequeños. En definitiva, ampliar las diferencias para asegurar al máximo posible su posición. Cinco años después de la Ley Bosman se creó el G-14, lo que años después se denominaría la ECA.

Desde estos últimos años de siglo XX, el fútbol europeo no ha hecho más que dar pasos hasta la Superliga europea que tanto ronda los periódicos recientemente y se vislumbra como la consecuencia final de Bosman. Incluso en 1998 ya se pudo leer por primera vez eso de una Superliga, propuesta por el grupo Media Partners a la UEFA que no tuvo más recorrido. Pero la semilla ya estaba puesta y esta ECA ha presionado a Johansson, Platini y, por último, a Ceferin para ir modelando una Champions League a su antojo, con la constante amenaza de la creación de una Superliga que deje a la UEFA sin la participación de los mejores clubes del mundo. La máxima competición continental ha cambiado mucho de formato, pero se solía llamar Liga de Campeones porque reunía a los ganadores de todas las ligas europeas. Desde esa idea se ha llegado a la actual, en la que hasta el cuarto de las grandes ligas tiene una plaza asegurada en la fase de grupos mientras que el campeón de ligas como la griega, austriaca, checa o suiza sólo tienen plaza en la fase de clasificación. De esta forma, los mejores clubes de Europa se protegen de una mala temporada asegurándose cada año jugar (y cobrar de) la Champions.

La hoja de ruta, planeada desde un principio o no, ha sido perfecta. Los grandes roban el interés de los pequeños comprando a sus mejores jugadores y, así, no tienen que competir contra estos pequeños. ¿A quién le hubiese interesado o, más bien, a quién habría ganado el Estrella Roja de 1991 si años atrás el PSG, la Juventus y el Chelsea, por citar alguno, hubiese fichado a Mihajlovic, Savicevic y Prosinecki? Hasta dónde habría llegado el Ajax de 2019 en temporadas posteriores si De Jong y De Ligt hubiesen continuado es una incógnita que el sistema establecido en el fútbol europeo se ha encargado de enterrar. Con la excepción de 2019, no ha habido una final en los últimos once años en la que no estuviese Barcelona, Real Madrid o Bayern. Evidentemente, cada vez más difícil para las pequeñas federaciones, las cuales han dejado de existir en la fase final. Y no es una exageración: en esta última 2019/20, y por primera vez en la historia, todos los integrantes de octavos de final pertenecían a las cinco grandes ligas. Y esta temporada sólo se ha colado el Oporto. Si lo comparamos con la antigua Copa de Europa encontramos que en las finales hubo equipos de hasta trece ligas distintas (Escocia, Rumanía, Suecia, Bélgica, Grecia o Serbia) mientras que en la actual Champions League sólo ha habido finalistas de siete. Quizá el dato más sangrante es que en estos últimos veinticinco años sólo dos equipos (Borussia Dortmund y Chelsea) han conocido lo que es ser campeón por primera vez en su historia.

Como consecuencia de lo descrito párrafos atrás sobre los sudamericanos, a quienes se les abrieron las puertas de Europa desde 1995, los clubes argentinos y brasileños principalmente han perdido poder. Lo que ha pasado con la Champions League y la Superliga se extrapola desde Europa al mundo entero con la Copa Intercontinental y la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. La Copa Intercontinental también ha perdido peso desde la Ley Bosman. Antes, el marcador estaba 20-14 a favor de los sudamericanos. Desde entonces, y considerando Copa Intercontinental y Mundial de Clubes, Europa arrasa 19-6. No se ve un equipo de fuera de Europa ganar el Mundial de Clubes desde 2012. Y la FIFA ya ha llevado esta diferencia al siguiente nivel, creando la Copa Mundial de Clubes de la FIFA que estaba prevista para 2021 pero que se ha aplazado debido a la pandemia. En esta competición habrá ocho clubes europeos (los cuatro últimos ganadores de la Champions y los cuatro últimos ganadores de la Europa League) que será difícil que inviten cualquier club de otra confederación a las semifinales.

A nivel más local, dentro de la Premier League, vimos como hace dos meses se proponía el Project Big Picture, el enésimo intento de abuso de poder de los grandes clubes con los más pequeños, dibujando un escenario en el que el Big Six (Manchester United, Manchester City, Arsenal, Liverpool, Chelsea y Tottenham) tengan un poder de decisión casi absoluto respecto a todos los demás clubes. Parece que la pluralidad en el fútbol cada vez es más complicada y Bosman, con lo que nadie duda que fue su mejor intención, creo sin quererlo el embudo que nos conduce a ver ganar siempre a los mismos.